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Nikté: mi maestra de 3 años

Estos tres años sin Nikté han sido de una enseñanza brutal. Me han enseñado a sobrevivir incluso a pesar de mí misma, a sobreponerme al dolor que llegó a parecer interminable, a apreciar más a quienes me aman y a quienes desean acompañarme en este camino llamado vida sin importar lo horrible que haya sido en algunos momentos de estos últimos tres años.

Me han enseñado que mi salud física y mental debo tomarlas en serio y que debo intentar (una lucha de todos los días, de verdad) que aquello que no puedo controlar no me afecte tanto, pues en mi endeble equilibrio emocional, cualquier cosa (una actitud, un comentario, un desplante, un gesto de quienes me rodean) puede hacer que me deshaga.Me han enseñado que todo pasa. Aunque a veces cueste respirar, aunque a veces el insomnio me haga presa, aunque el dolor me llegue como punzadas inesperadas, aunque todo se vea oscuro y dramático. Todo, todo pasa.

Nikté, así, se convirtió en mi gran maestra. Su muerte me duele cada día, pero ahora veo todo con más conciencia, con menos bruma, con más luz.
Tres años desde que su corazón dejó de latir.
36 meses de reaprender a conocerme.
156 semanas de luchar conmigo misma.
1 095 días de aceptar la vida como es, con todos sus matices.
26 280 horas de ser una aprendiz de lo que deja la muerte.
Mi pequeña Axolotla. Mi Nikté.

Autor: Perla Velasco
Acerca del Autor: Perla es Editora y la mamá de Nikté.

 

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Dos años sin ti, contigo

Cuando la tormenta se ha retirado lo suficiente para ver con un poco de claridad el cielo, cuando el huracán ha menguado y sus vientos por fin parecen ser apenas una brisa, podemos respirar. Ya respiro mejor, lo aseguro. Pero eso no quiere decir que no haya días en que no me vuelva a sentir como un granito de arena arrastrada por potentes olas. Que no haya días en los que la asfixia parece ser el mejor de los escenarios, en medio de tanto dolor.

Hace dos años murió Nikté. A veces siento como si hubiera pasado toda una vida y tuviera apenas un ligero recuerdo de aquellos días. Otras ocasiones, como hoy, se siente tan vívivo como el sueño que tuve anoche. No hay día en que no piense en ella. Si todo hubiese ocurrido como estaba proyectado, ahorita, en vez de escribir estas letras estaría molestando a Gerardo para planear sus 2 años de edad, que cumpliría en una o dos semanas.Pretendería honrar las palabras que escribí para ella cuando estaba embarazada: dejarla ser feliz, ayudarla a crecer. En mi imaginario soy una buena mamá con ella, aunque en realidad eso nunca lo sabré, nunca lo sabremos. Porque hay momentos que cambian nuestras vidas para siempre. Y en mi caso, ese momento fue acompañado con las palabras del ginecólogo diciéndome “no, Perla, no hay latidos”. 38 semanas y media tenía. Perfectamente formada. Perfectamente hermosa. Perfectamente mi hija. Cuando aquellos días ocurrieron hubo momentos en los que quise creer que estaba conmigo, aunque soy atea y pienso que no hay nada más allá de la muerte. Dejamos de existir en este lugar y todo termina. Pero en esos instantes buscaba un poco de consuelo a mi propia pérdida.

Nikté murió justo el día en que armamos su cuna. Ese día la dejamos lista y tomé varias fotos para compartirlas con mi familia. El colecho ya estaba al lado de la cama, listo para recibirla, sin imaginar que ese mismo 30 de noviembre sería el último en que sentiría sus alocados movimientos.

Dos días después, cuando Gerardo fue a recoger sus cenizas, justo en el momento en el que me llamó para decirme que se las acababan de entregar y me mandó una foto con aquellos restos que recuerdan, por su color, a arena blanca de alguna paradisiaca playa mexicana, la leche comenzó a brotar a mares, por primera vez, de mis senos adoloridos. En ese punto tenía grandes dolores. El terrible dolor del cuerpo, destazado por una cesárea y una tos horrible que me hacía llorar. Y el dolor emocional de la pérdida y la muerte. Han pasado dos años desde entonces. Ahora Nikté nos acompaña, a su papá y a mí, en sendos collares que siempre traemos con nosotros. Ahí, apenas algo de sus cenizas están más cerquita de nuestros corazones. Aunque ella, completa, siempre acompañará el resto de nuestras vidas, mientras que nuestras vidas sean. Porque algún día dejarán de ser.

Autor: Perla Velasco
Acerca del Autor: Perla es Editora y la mamá de Nikté.

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El primer aniversario.

A un año, mi pequeñita

Hace un año mi corazón se rompió por completo. Comí un chocolate, me recosté del lado izquierdo, fui por el estetoscopio que mi tío tiene en casa de mi abuela, me oí la panza. Nada. Estoy exagerando, pensé. Cuando llegamos a casa le dije a Gerardo: “Háblale, acaríciala”. Lo hizo. Y nada. Estoy exagerando, volví a pensar. Me dormí con la mano en el vientre, como hacía desde unos meses antes. Me desperté, fui al baño, almorcé. Siempre que hacía esa rutina, ella se movía como loquita. Y ahora, nada. Había unos movimientos apenas perceptibles, pero no tenía la certeza de que fuera ella o si era mi intestino, en digestión. Le hablé a mi ginecólogo. “Ven antes de las cuatro”, me dijo. Y ahí estuve. Le conté todo. “Pasa para revisarte”. Me acostó, prendió la pantalla y el aparato para auscultar mi vientre. Nada se escuchó. Silencio. Uno de esos que calan hasta los huesos y que es tal, que invade todo el lugar. Que ahoga a quien lo siente, que asfixia, que mata poquito. No estaban sus latidos, su corazón moviéndose aprisa se había ido. No se movía, no mostraba su trasero, como siempre que queríamos verla. Y nada. “En efecto, Perla, ya no hay actividad fetal… ¿quién viene contigo?”. “Nadie… pero en unos minutos llega Gerardo y mi mamá”.“Entonces hay que esperar a que leguen para decidir qué quieres hacer”. Me levanté. La joven practicante de medicina tomó mi hombro. “Lo siento”, dijo. Apenas asentí. Me senté en la sala de espera, apartada del resto.

Llegó Gerardo, enseguida me levanté. Me abrazó. “Está muerta”, le dije. Y me eché a llorar. A los pocos minutos llegó mi mamá. “Ya estoy aquí, chiquita, todo va a estar bien”, dijo enseguida, dirigiéndose y acariciando mi panza. “No, mamá, ya está muertita”. Recuerdo que me tomó la mano y comenzó a llorar. Entramos de nuevo con el médico, hubo una nueva revisión. Se hizo la confirmación. Decidimos qué haríamos. Me mandaron al hospital, me internaron. Cesárea. Sacaron a Nikté. Las enfermeras “la bautizaron”, en un acto simple y porque creyeron que era adecuado. Su papá la cargó en brazos. Yo apenas pude acariciar su cara. Su cabello negro, ensortijado, tupido. Y ese día mi corazón se rompió por completo. Y me quedó un hueco que siento todos los días en la boca del estómago. Y me lamento por no haberla podido cargar, porque mis brazos estarán vacíos siempre. Y me culpo y me castigo una y otra vez por haber dejado que factores ajenos a mi embarazo me afectaran. ¿Porque de quién más podría ser la culpa de haber fallado como protección, de haber sido una mala incubadora, de haber fracasado como caparazón? Y ese pensamiento me ronda todos los días, desde hace 365 días, aunque sea por un momento. Sí, hace un año que mi corazón se rompió por completo.

Nota: No te angusties, si piensas que tu cuerpo, «la incubadora» como dice Perla, no sirve, es normal sentir culpa al inicio del duelo, es normal culpar a tu cuerpo, pero la realidad es que aquí no hay culpas, solo cuerpos humanos funcionando de formas distintas, ten la certeza que hiciste todo lo que pudiste haber hecho y que si estuviera en ti seguramente tú hijo o hija estaría vivo.

Autor: Perla Velasco
Acerca del Autor: Perla es Editora y la mamá de Nikté.

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La vivencia de la muerte intrauterina, mi experiencia

Les comparto estas líneas de parte de mi vida con mucho amor. Forma parte del trabajo de tesis que realicé para ser Tanatóloga (Acompañamiento Tanatológico en Muerte Gestacional); es un recopilado del primer capítulo y espero que sea útil para más mujeres.

Quiero que sepan que no están solas, que somos muchas mujeres que pasamos por esta situación, estamos para abrazarnos y apoyarnos, nuestro amor es tan fuerte por nuestros hijos que vence el al dolor, honrando y agradeciendo el paso de su vida en la nuestra.

En septiembre del año 2011, llegó la noticia más feliz de mi vida y de mi esposo, éramos novios en ese entonces, pero ya teníamos planes de estar juntos y formar una familia; y, sorpresa, tardó mi periodo y mi corazón me daba la respuesta que tanto ansiaba: que la prueba de embarazo estaba de más, sí estábamos embarazados y felices de contarles a toda nuestra familia y amigos. Mi cuerpo cambiaba, sentía los antojos, nauseas, sueño; era como un sueño hecho realidad, ver los primeros ultrasonidos y escuchar su corazoncito latir era como escuchar los cantos de un ángel que mi alma se alegraba con tanto amor. En esos ultrasonidos me dijeron que el bebé estaba muy bien pero detectaron un mioma dentro de la cavidad intrauterina, en ese momento la ginecóloga dijo que no había ningún problema, lo cual no fue así, un día tuve un sangrado y me llevaron al hospital, era mi primer bebé, estaba muy nerviosa y preocupada, no sabía por qué estaba sucediendo eso, no era lo normal de un embarazo que había escuchado o leído.

Los médicos me dieron la orden de reposo absoluto (trabajaba y mi trabajo es muy activo). Desdeahí sabía que no sería un embarazo normal, pero fuimos positivos y seguimos las indicaciones. Los primeros meses tenía sangrados constantes, aun estando en reposo, entraba y salía del hospital y para los cuatro meses estaba feliz, ya no había sangrados y mi panza era enormemente hermosa y nuestro hijo crecía muy bien, aun así sólo me la pasaba recostada en un sillón reposet donde le leía, cantaba y hablaba. Cuando llegaba mi esposo el bebé comenzaba a moverse, yo le decía que se emocionaba mucho al escuchar a papá, así era, nos encontrábamos los tres muy emocionados al estar juntos, ya para entonces sabíamos que era un niño y se llamaría Mihai Uriel, sólo era un poco de paciencia para tenerlo en nuestros brazos. En febrero del 2012, en una mañana fría, mi esposo se levantó a trabajar, se despidió de nosotros, le dimos un beso, no sabíamos que sería el último momento de felicidad juntos los tres.  Al poco rato me dieron ganas de orinar, me levanté rápido pero noté que ya había líquido en mi cama, fui al baño y no era orina sino líquido amniótico. Inmediatamente me llevaron al hospital, me indicó el doctor que ya no había líquido y que el bebé era muy pequeño, aún 6 meses de gestación, que tendrían que inducirme el parto y si nuestro hijo sobrevivía lo meterían inmediatamente en incubadora. Eso era el mejor panorama, el otro era que no sobreviviera, aun así yo tenía esperanza.

El hospital donde me encontraba era público (IMSS), no dejaban que pasara ningún familiar, ni mi esposo ni mi madre, me sentía muy asustada, les pedía a los doctores que los dejaran pasar y ellos me decían que no podían estar ahí. No sabía lo que sucedería y cómo estaba mi hijo, estaba muy desesperada, le preguntaba a un doctor que por favor me dijera qué estaba sucediendo, cómo estaba mi bebé. Su respuesta fue grosera e hiriente, me dijo que lo más probable era que ese bebé iba a morir y que no había nada qué hacer, que me calmara. Nunca se acercó a mí, me lo dijo a lo lejos y se marchó.

Me indujeron el parto, ya era noche y nunca dejaron pasar a mis familiares, pero tampoco estaban ni médicos ni enfermeras apoyándome, sólo mi hijo y yo en una cama pidiéndole a Dios que lo cuidara, que por favor nos ayudara. Así pasaron las horas y comencé a sentir salida de sangre y sin yo saber cómo era parir, mi instinto me ayudó y comencé a pujar y vi cómo parte de su cabecita con mucho pelito negro salía de mí… Estaba sola, solamente pasó una residente y le hablé, y le dije: “mira, ya está naciendo”… Corrió y fue por una doctora, me llevaron a la sala de labor de parto y comencé a pujar más y de pronto nació mi bebé.

No había llanto. Él estaba como dormido, su carita de color morada, sabía que había muerto, la doctora cortó el cordón umbilical y me miró con gran tristeza y me dijo: “tu bebé falleció”. Le pedí que me permitiera besarlo, me lo acercó y lo vi; era perfecto, sus labios rojos, su cuerpo fuerte ysu cabello abundantemente negro. Nos dimos el último beso, y de ahí grité como una loca y le dije –“¡¿por qué Dios mío, por qué? Llévame a mí también, ya no quiero vivir, quiero morir!”. Y me sedaron… dormí mucho y creo que yo no quería despertar, me sentía vacía, mis ilusiones se habían esfumado y mi corazón estaba roto.

Es algo muy fuerte y doloroso lo que pasamos todas nosotras, por eso quise compartir esta parte, porque día a día lucho con vencer miedos, culpas, tristeza, desesperanza, cada día avanzo un poco más y más, porque descubrí que detrás del dolor no me dejaba ver que está el Gran Amor que me dan mi hijo y Dios, para vencer todo lo negativo y transformarlo en Amor, Gratitud, Humildad y Empatía, sin duda alguna la oscuridad fue la que me reveló la Luz.

Escrito por: Yael Itzel Verduzco

Acerca del Autor: Yael es Tanatóloga y es la mamá de Uriel

 

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Carta a mis Padres

7 de Marzo 2011

Para mis amados Padres,

Les escribo esta carta a ambos porque les quiero compartir parte de mis sentimientos y emociones, sé que no podría hacerlo de frente pues antes de poder expresar todo lo que estoy viviendo ya estaría llorando y no acabaría de hacerlo. Lo primero que quiero que sepan es el sentimiento con el que me levanto todos los días desde que mi hijo no está, sé que piensan que esa personita que apenas pude tener en mis brazos y que llegó de sorpresa a mi vida sin pedirle permiso a nadie, no me debería estar generando tanto dolor y vacío, porque así es como me siento a veces: vacía. He pensado mucho cómo les explico lo que siento, si ustedes tienen la fortuna de tenernos a su lado, pues bueno finalmente encontré la respuesta, recuerdan aquella tarde en que mi hermana tuvo ese ataque de asma y se desmayó en el sillón, ese día mi mamá se aferró al cuello de su hija y lloraba como desesperada gritando: ¡No mi hija no!, ¡No mi hija no!…..  No recuerdo si alguna vez mencionó la palabra muerte, pero me queda claro que en ese momento mi mamá pensó que su hija se moría o bien que ya estaba muerta, esa sensación que ella experimentó por quizás menos de un minuto… ese dolor, es con el que yo me levanto todos los días, no piensen que nunca lo voy a superar en este poco tiempo he comprendido que el dolor no se olvida pero se trasciende y uno sigue su vida, desde mi punto de vista, como un mejor ser humano, como un ser más compasivo, como una persona nueva y diferente, no esperen que sea la misma siempre hay un antes y un después, no sé qué va a pasar en el futuro y quizás ya no me interesa, por ahora solo pienso en vivir el presente, ciertamente tengo una necesidad de buscarme como ser humano y de encontrar una paz que estoy segura solo está dentro de mí misma, respecto a los grupos de acompañamiento, organizaciones y foros donde he incursionado no espero que los entiendan, si algún día quieren acompañarme a una reunión serán bienvenidos, para mí es importante el decirles que asistir a este lugar y participar en estos foros no es para quedarse estancado en el dolor, no es que al enterarte quieras o no de otras historias y te hundas más, al contrario, uno aprende más lecciones de vida, es un lugar donde si quieres llorar… lo haces, si quieres hablar lo haces y si te quieres quedar callado también lo haces, ahí nadie te juzga pero sobre todo te sientes comprendido por personas que como yo, han experimentado la experiencia de la muerte de un hijo, desde que mi hijo se fue al segundo día pasaba mucho tiempo en Internet esto fue porque me encontré una fundación que inició en Argentina con presencia en México que es un grupo de acompañamiento solamente para padres que viven la experiencia de la muerte de sus bebés durante el embarazo y después del embarazo (ósea casi todos son bebés) , gracias a todos los  mensajes que recibí de aquellas mujeres que me escribían sin siquiera conocerme sobreviví el primer mes, así de simple, porque cada que me siento mal puedo escribirlo y porque siempre había una respuesta a esos sentimientos, este es tan solo un ejemplo de los muchos mensajes después de escribir lo que había sido no tener a mi hijo:

Hola, que mamá tan valiente y luchadora, tu hijo seguro está súper orgulloso de vos, de cómo defendiste su vida todo lo que pudiste. Es difícil seguir y sobre todo el sentirse así tan vacía, acá te entendemos y te acompañamos desde ese dolor tan profundo que es la pérdida física de nuestros hijos. Luis Gabriel  te dará fuerzas cada día, y te acompañará siempre, es importante que puedas sacar afuera tu dolor, para que puedas descubrir el amor eterno que ha traído tu hijo, él te ha elegido como mamá y lo serás por siempre, y seguro cuidará a todos sus hermanitos que vengan a este mundo más adelante. Besos…Mariana

Así que después de recibir tantos mensajes entendí que como ellas me han ayudado a mi yo quiero ayudar a otros, pero sé que para ayudar primero debo estar bien yo, Tomas Jefferson dice: ”Quien mejor que ha sentido en carne propia una herida, puede curar tan suavemente la misma en otro”. Por otro lado, a donde he ido tan solo 3 sábados es a Renacer, que igual es un grupo de acompañamiento, sólo que la diferencia es que aquí hay padres quienes sus hijos han muerto de diversas edades. Llevo poco en el grupo pero les puedo decir que entre ellos se ven como otra familia. El lema del grupo es “Sí a la vida a pesar de todo”, no crean que vamos y nos sentamos a hablar de lo que nos ha pasado, a veces hay lecturas, ahora estamos trabajando en equipos y exponiendo temas de interés, a veces se reúnen y hacen un tarde de cine. Renacer también inició en Argentina y tiene presencia en varios países de América Latina y España, el objetivo básicamente es seguir con lo vida como seres completos que aprenden a trascender el dolor porque tienen presente y a muchos de ellos sus hijos les enseñaron como ejemplo que si estamos vivos es por algo y hay que darle sentido a esta vida.

Adicional a esto tengo la terapia que me ayuda a ver no solo cosas relacionadas con mi hijo, si no cosas relacionadas con mi vida en general, finalmente esta la meditación y el Reiki, que me están ayudando en mi proceso para encontrarme a mí misma, si les cuento todo esto es porque quiero que vean que estoy demasiado activa para mi gusto, haciendo muchas cosas para seguir con mi vida, aprendiendo a vivir sólo el presente y dejando ir el pasado y la culpa, pero también les escribo para que estén conscientes de que no soy la misma persona, ni lo seré, para que sepan que he leído mucho acerca de los procesos de la vida y la muerte, de las lecciones de vida y que seguramente seguiré leyendo mucho más porque tengo una terrible necesidad de entender lo que ha pasado, aun ahora todavía me pregunto el ¿Por qué a mí?, pero sé que esta pregunta no tiene repuesta, así que creo que ahora lo que busco es el ¿para qué? En medida que entienda esto la situación ira mejorando, creo y espero que llegue el momento en que entienda de forma natural que el proceso de la muerte es tan solo la transición a otro plano, un lugar mejor donde el sufrimiento no existe.

Bueno, sólo queda hablarles un poco del proceso de duelo o de lo que he entendido de él, junto con esta carta les entregaré una serie de lecturas son tan solo unas pocas que quiero que lean para que comprendan un poco más en general lo que se vive, en resumen les puedo decir que un duelo dura de 1 a 4 años según los libros, y que por cada pérdida en nuestras vida tenemos procesos de duelo, unos más importantes que otros, que se cursan por varias etapas como son, negación y aislamiento, rabia, negociación, depresión y aceptación, sé que no todo mundo pasa por las mismas etapas y para ser sincera no sé en qué etapa estoy, supongo que la negación, la viví todo el tiempo que me aferré a la vida de mi hijo, debo de estar entre rabia y depresión, pues hay días en que estoy muy enojada, días en que estoy bien y días en que no, como lo he dicho mis sentimientos son como una montaña rusa con subidas y bajadas, para que lo sepan los peores momentos ya pasaron, la idea más dura que paso por mi mente fue un deseo de no seguir en este mundo, pero fue eso una idea, ni siquiera un impulso, lo gracioso es que nunca antes en mi vida hubiera pensado en suicidarme, pero entendí que esto no traerá ninguna respuesta, probablemente ni siquiera llegaría al mismo lugar donde está mi hijo y además qué derecho tengo yo a causarles un vacío tan grande a ustedes como el que siento. Así que no se alarmen, eso ya no está más en mi mente pero se los comento para tengan una vaga idea de todo lo que he experimentado, supongo que sigo en espera de salir de la depresión para llegar a la aceptación pero estos procesos no se dan de un día para otro, así que les pido me tengan mucha paciencia esto puede llevar meses o quizás años, pero hay que vivirlo, porque si no se hace y se guarda este dolor funciona como las tarjetas de crédito si no lo pagas ahora se acumulan los intereses y después resulta demasiada caro. Ahora en este proceso he recibido mucho apoyo de quien ni se imaginan, es más quizás ni ella misma se lo imagina, pues todo este apoyo que les comento viene de mi hermana menor que me ha escuchado, me ha dejado llorar y no me ha juzgado.

Me despido diciéndoles que los amo profundamente, que les agradezco todo el apoyo, soporte y comprensión cuando les dije que estaba embarazada y también por estar conmigo en uno de los momentos más difíciles de mi vida, lo que viene después sigue…… así que tengan mucha paciencia…..La aceptación llegará y con ello muchas cosas buenas..

Besos, su hija que los quiere

PD: Ahora les puedo decir que sé lo es el amor incondicional y que no importa que mi hijo no esté conmigo físicamente, lo amo muchísimo, más allá de mi vida.

Nota del Autor: Toda esa información que reuní para mis padres, forma parte de la información que se entrega en las Cajas de recuerdo (Memory Box), mucha de ella está resumida en esta web. Quise compartir esto que es parte de mi intimidad y espero que te sirva como estrategia para que puedas comunicar a tu familia lo que sientes si aún no lo has hecho. Escribí esta carta mes y medio después de la muerte de mi hijo.

Escrito por: Angélica Jiménez

Acerca de: Angélica es Psicoterapeuta Transpersonal (Ced:11988920 ), Diplomada en Tanatologia, ICO, Colaboradora de ECA y mamá de Luis Gabriel

 

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Pérdida del embarazo o aborto espontáneo – Mi Historia

Técnicamente la pérdida de un embarazo o, también conocido como aborto espontáneo, es cuando el crecimiento de un embrión es interrumpido de forma natural, generalmente antes de las 20 semanas de gestación.

Probablemente han escuchado palabra ‘‘aborto’’ o ‘‘pérdida del embarazo’’ antes, ya sea por un conocido, un amigo cercano, o se acaban de enterar que están embarazadas y quieren saber más acerca de todo lo relacionado con el embarazo durante las primeras semanas.

Yo por lo menos la primera vez que escuché la palabra pérdida o aborto fue hace un par de años, y lo primero que pensé fue “Ah, no creo que sea nada terrible”. Pero sí, lo puede ser y bastante, principalmente porque de verdad no sabemos lo que significa, cómo afecta al cuerpo física y emocionalmente, y porque nunca pensamos que nos puede pasar a nosotros.

Le tomé el verdadero peso a la palabra cuando fuimos a nuestra primera eco con 8 semanas de embarazo. Sí, estuvimos embarazados, y les quiero contar nuestra historia.

Fue un día sábado después de almuerzo, estábamos ansiosos porque sabíamos que veríamos a ese pequeño pirigüín, o mounstruito como le decíamos, y escucharíamos sus latidos. Estábamos en una consulta lleno de embarazadas y padres ya con un pequeño en sus brazos, dándoles algo para comer o jugando con ellos mientras esperaban su hora con el doctor.
Con Andrés nos mirábamos con cara de ‘‘esto nos espera’’, y con una sonrisa de oreja a oreja.

‘‘Miss Cerda” escuchamos y los dos nos paramos al segundo, tratando de esconder los nervios de primerizos y seguimos a la doctora que nos haría nuestra eco.
Una vez dentro de la sala y luego de seguir un par de indicaciones, nos hace una ecografía abdominal (sobre el estómago), donde la verdad no se veía nada, así que decidió hacer una eco transvaginal (por favor que no les dé pudor la palabra transvaginal, la van a escuchar más seguido de lo que creen) y ahí se pudo ver un pequeño ‘’saco’’, donde la verdad yo veía más bien un bulto.

Con Andrés nos sentimos extremadamente felices y emocionados. La doctora tomó un par de medidas en el monitor, pidió permiso y salió de la sala diciendo que volvía en unos minutos. No fueron sólo ‘’unos minutos’’, fue mucho rato y se hizo eterno. Al principio pensamos que iría a buscar esa pequeña fotografía con el pirigüín de un par de semanas.
La emoción fue tanta que no nos hizo ver la realidad. Cuando volvió, nos dijo que había revisado la ecografía con su jefa y ella quería hablar con nosotros.

¡Chan! Con Andrés nos miramos con cara de ‘‘¿Será parte del protocolo’’, ‘‘¿Salió algo mal?’’,‘‘¿Qué chucha?‘’ (perdón por los garabatos, pero lo amerita).
Millones de dudas que ni siquiera fuimos capaces de procesar pasaron por nuestra mente en cosa de segundos, lo único que sé es que Andrés no confiaba mucho en la Doctora, puede ser por el prejuicio que era joven, o que no pudo ver con la eco abdominal o que no se manejaba bien con la máquina…según creíamos nosotros.
Con todas estas emociones y pensamientos fuimos a hablar con su jefa. Nos sentamos en su oficina, repleta de pantallas con diferentes ecografías y entre ellas, la nuestra.

Para ser honesta, no recuerdo todo lo que dijo con lujo ni detalle. Pero sí recuerdo muy bien cuando dijo: ‘‘El saco es muy pequeño para tener 8 semanas. Tenemos dos opciones, una que el cálculo de semanas de gestación no es correcto y en realidad tienes 6 semanas, o…que algo no está bien…’’. Cuando dijo la segunda opción nuestros corazones se paralizaron, mi mente sentía como se llenaban de nubes que me impedía seguir escuchando el resto de lo que la doctora decía. Debíamos esperar dos semanas más y volver.

Una vez que salimos de la consulta y caminábamos hacia el auto yo estaba en shock, no sabía qué pensar, qué hacer ¡ni siquiera pude llorar! Sino hasta que Andrés se paró enfrente mío y dijo ‘‘Todo va a estar bien’’ y recién pude botar toda la angustia que sentía.
Ese momento no fue fácil para ninguno de los dos, pero el que debía dar seguridad y apoyo era Andrés, y lo hizo extremadamente bien.

Con cierta dificultad y aún en estado de shock nos subimos al auto. Teníamos un asado familiar en casa de unos amigos, dónde lo único que se habló fue de bebés, familia e hijos y que incluso uno de los invitados llevó a su bebé de sólo un par de meses…ahí estábamos nosotros, haciendo como si nada pasara y tratando de sobrellevar lo que nos acaban de decir hace una hora atrás, algo que claramente nos fue rompiendo el corazón durante la tarde e imposible no sentir que la vida nos estaba refregando en la cara esa impotencia que no era nuestro minuto para ser padres.

Para más remate, al día siguiente se celebraba el Día de la Madre, nosotros ya pensábamos emocionados que iba a ser nuestra primera celebración y que íbamos a hacer algo en secreto, ya que debíamos esperar a los 3 meses antes de decirle a nuestras familias, pero todo eso quedó en stand by.

Dos semanas de espera, interminables, donde uno se cuestiona todo.

Una vez que llegamos a casa con esta bomba que nos acaba de caer encima nos sentimos destrozados. Ni siquiera hablábamos mucho, lo único que hacíamos era contenernos mutuamente. Ese mismo domingo, decidimos que si había una remota opción que ese pirigüín estuviera vivo, y que efectivamente, había un error en el cálculo de semanas, no le íbamos a traspasar ningún tipo de angustia o pena, sino que íbamos a pensar lo más positivo posible.

Y así lo hicimos, pensando positivo, con miedo, pero siempre positivo.
Pasaron las dos semanas, las más eternas que he vivido. Era hora de nuestra ecografía. Esta vez no estábamos ansiosos, teníamos susto…estábamos frágiles. La doctora nos hizo pasar y comenzamos la segunda eco, la definitiva, con la cual íbamos a saber la verdad.
Lo que vimos en la pantalla fue lo mismo que habíamos visto la primera vez, un bulto. No había crecido. Esta vez la doctora no salió de la sala y en tono amable, nos dice que el bebé no tenía latidos. Tiene el tamaño de un embrión de 7 semanas, pero sin latidos.
Yo en ese momento ya lloraba, y no me importaba disimularlo. Ella, muy paciente, me ofreció agua, pañuelitos y después de dar su pésame nos dejó a solas con Andrés para que lo procesaramos con tiempo y que cuando estemos listos, podíamos salir por una puerta trasera sin exponernos a los niños y embarazadas que estaban en la recepción.

Sentimos que nos habían apuñalado.

Andrés manejó de vuelta a casa conteniéndome lo mejor posible durante el camino. No sabíamos qué decir, nos habíamos quedado sin palabras. Cada uno ese día se fue a su propio mundo interior. Toda la ilusión y felicidad, con una frase se hizo añicos.

Ahora, llegaba la segunda etapa: expulsar al pirigüín. Para esto nos derivaron al centro EPAC (Early Pregnancy Assessment Clinic) o Centro de apoyo en la pérdida de embarazo, del Hospital de Mujeres BC Woman’s. Una enfermera, que se parecía a mi mamá pero más canosa y con un acento muy british, me explicó los pasos a seguir. Si estaba lista o no para ese proceso, no lo sé…ya estaba entregada, estaba en modo piloto automático, aún estaba procesando muchas cosas.

Ese mismo día me vió una doctora y me hizo otra ecografía, donde se da cuenta que no es sólo un embrión que dejó de crecer a las 7 semanas, sino que era un embarazo molar. ¿Qué $%# significa eso? No tenía la más mínima idea.

Doy gracias al universo, que mis padres son médicos y siempre escuché sus términos raros y específicos, y pude entender lo que la doctora me explicó (todo esto en inglés, claro).
En resumen, un embarazo molar, es cuando un espermio fecunda el óvulo (como pasa normalmente cuando uno queda embarazada), pero llegó un segundo espermio y fecundó la placenta. Sí, la placenta.
Para ser exactos, 1 de cada 1.500 mujeres embarazadas, tiene un embarazo molar y ahora debíamos ver si era parcial o completo, que hay una diferencia enorme entre ellos.

Cuando terminamos la eco con la doctora, volví a la oficina con mi ‘‘enfermera madre’’, y lo primero que me dice es que con este tipo de embarazo no podemos darnos el lujo de esperar que el cuerpo expulse al embrión, porque el cuerpo nunca va a identificar que debía expulsarlo, ya que genéticamente el embrión está y creciendo…sólo que el que crecía era el espermio que estaba en la placenta y no el verdadero pirigüín. Por lo tanto, debemos hacerlo a través de una operación, y debe ser pronto.

Cuatro días después, cuando tenía 11 semanas y 5 días de gestación a las 8.30 am entraba a pabellón. En el hospital la verdad es que todos un 10 de profesionalismo y preocupación. Era la primera vez que vivía algo así, nunca había entrado a pabellón, era algo totalmente nuevo para mi, pero me sentí muy segura con el staff médico. Me explicaron todo, antes y después de la operación, cómo había salido y qué debía esperar de ella.

Ahora lo único que debíamos esperar eran los resultados genéticos y ver si era una mola completa o parcial. Para que se hagan una idea, mola completa significa una incompatibilidad genética con el padre, en este caso: Andrés. Por lo tanto, si así era, debíamos decir adiós al proyecto familia. Lo bueno (algo de bueno en esto), es que fue una mola parcial, o sea: mala suerte.

Esta mala suerte, derivó en pasar por una segunda operación (ya les contaré porqué). Meses donde debía ir semanalmente a sacarme sangre y revisar que la hormona del embarazo bajara. Donde cada semana me llamaba la enfermera del Hospital para chequear cómo estaba, cómo me sentía y si necesitaba apoyo emocional (ya que ellos me lo podían brindar).

Una vez que la hormona del embarazo bajó a 0, a mi cuerpo le tomó otros dos meses en regularse, en volver a tener mis períodos, que hasta el día de hoy no han vuelto a ser como eran antes, duelen un poco más y son irregulares.

Esa mala suerte, hizo que como pareja con Andrés nos hiciéramos más fuertes. Estábamos más unidos que nunca. Aún estamos en búsqueda de otro pirigüín, y si bien no ha sido fácil, doy gracias por lo vivido, ya que sin esa experiencia con Andrés no seríamos lo que somos hoy. Nos costó, pero pusimos primero el amor y cariño que hay entre nosotros y con eso, nos fuimos levantando poco a poco.

En una situación así, tener contención y apoyo de tu pareja y familia es primordial. Para mi Andrés fue y sigue siendo un pilar fundamental. Por un lado porque nuestras familias estaban lejos, (pero se sintieron cerca) y por otro porque es una situación dolorosa, donde no sólo le afecta a las mujeres, sino que a todo su entorno, y no imagino haber vivido esto sin su apoyo.

A pesar de todo lo sucedido, agradezco haber tenido todo el apoyo que recibí. Sé que otras mujeres no tienen la misma suerte y a ellas las invito a que abran su corazones y dejen salir la angustia de llevar esta carga solas.

Tú que estás leyendo esto, puede que también hayas vivido una pérdida de tu embarazo o conoces a alguien que le ha pasado, y si bien todas las personas son diferentes, nos une la experiencia y el dolor que significa haber pasado por algo así. Si te animas, deja tu comentario (puede ser anónimo) y comparte tu experiencia. Hablar sana el alma y este espacio se ha creado para aliviarnos, contenernos y apoyarnos.

Uy! Veo que me extendí bastante. Perdón por el post tan largo, prometo que los otros serán más cortitos, ya que este era la introducción 🙂

Escrito por: Camila Cerda
Para: Blog Pelo al viento
Acerca del Autor: Camila es Chilena, creador del Blog Pelo al viento un espacio que busca conectarse con el embarazo, sus riesgos, pérdida y primeros meses de gestación.

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Sin apoyo, duelo por muerte gestacional y perinatal

Vivir, después de la muerte de un hijo

Con un llamado a tejer redes entre profesionales de la salud, psicoterapeutas y organizaciones par un mejor abordaje cuando muere un bebé, se llevó a cabo el Foro Muerte Gestacional y Perinatal en el Instituto Nacional de Perinatología que reunió a especialistas médicos, psicoterapeutas y testimonios.

En Conferencia Magistral, la Subdirectora de Neonatología del Instituto Nacional de Perinatología (INPer), Doctora Alejandra Coronado, resaltó la importancia de abordar este tema ya que las políticas públicas necesitan establecer intervenciones preventivas y estrategias, además de que el
acceso al cuidado perinatal debe de ser igualitario.

Precisó que falta mucho por trabajar para disminuir este tipo de muertes y que muchos de esto casos se pueden prevenir casi sin inversión económica, por lo que hizo un llamado a trabajar en este aspecto con intervenciones menos invasivas.

En tanto, la doctora Sandra Acevedo, Jefa del Departamento de Medicina Materno Fetal del INPer, indicó que en 2017 se registraron en México 22,336 muertes fetales, de acuerdo con el INEGI y, en ese sentido, afirmó que la incidencia de muerte fetal puede ser un indicador de la calidad del sistema
de salud de los países.

En su ponencia sobre duelo perinatal, el psicoterapeuta Mario Guerra destacó que padres que experimentaron la muerte de un hijo tuvieron mayor riesgo de trastornos mentales durante el primer año y hasta cinco después del hecho.

Al señalar que la muerte gestacional y de la infancia temprana es un tema poco visibilizado, reveló que la mortalidad materna se incrementó en 133% dentro de los dos primeros años tras la muerte de un hijo.

En el bloque titulado Resiliencia después de la muerte de un bebé, mujeres que han atravesado por esta experiencia lanzaron un mensaje a los profesionales de la salud para que dentro de los hospitales se brinde un abordaje más especializado y empático a través de protocolos hospitalario que den la oportunidad de despedirse de sus bebés muertos, crear recuerdos de ellos, decidir sobre la forma de parir, poner nombre y apellido a los certificados de muerte fetal, tratar con dignidad los cuerpos de sus bebés fallecidos, regular las licencias de maternidad y paternidad pero, sobre todo, una atención con respeto y sensibilidad.

En este sentido, la tanatóloga Gina Tarditi coincidió en que es fundamental que los hospitales cuenten con protocolos para muertes gestacionales y neonatales que consideren intervención en crisis. Y resaltó la importancia de los grupos de apoyo de madres y padres en duelo, aunado al trabajo psicoterapéutico, para que logren encontrar una estabilidad en sus vidas.

En su exposición, el doctor Christian Bayron Mera afirmó que la violencia obstétrica es un tema que no se puede ocultar, donde personal de salud tendría que formarse desde la visión humana y abrirse a nuevas maneras de atención hacia las mujeres gestantes.

Al presentar el Proyecto MAIO, un modelo de atención integral para el parto respetado, instó a implementar manuales de procedimientos en el sistema hospitalario mexicano, que consideren un abordaje especializado ante muertes gestacionales y perinatales. Reconoció la labor en el Instituto
Nacional de Perinatología como única institución de salud que ya trabaja con este tipo de programas.

Finalmente, la especialista Mónica Álvarez, en videoconferencia desde Navarra, España, reconoció el trabajo de profesionales de la salud que se enfrentan a estas muertes pues recae en ellos la primera línea para contener a las madres que llegan al hospital por complicaciones en el embarazo y éste termina en la muerte del bebé.

Escrito: Mónica Díaz
Para: Portal Salud
Acerca del Autor: Mónica es Periodista, Tanatologa Clinica, Co-fundadora de ECA, la orgullosa mamá de Betito.

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Navidad sin ti… diciembre, cuando llega la nostalgia

Que la luz y el recuerdo ilumine estas fechas

Cuando llega la Navidad y el Año Nuevo suelen removerse sentimientos para alguien que ha atravesado por la muerte de un ser querido.

En el caso de las mamás y papás en duelo por la muerte de un bebé tiende a ser una época envuelta en estados de mucha melancolía, pues tal vez se esperaba la presencia de ese hijo o hija en las fechas decembrinas.

Luces, escarchas, árboles navideños y todo lo que envuelve estas festividades suele ser doloroso para quien está en duelo, y más, para quienes están apenas iniciando ese camino.

La nostalgia es un sentimiento que nos traslada al pasado pero, también, a la añoranza de lo que sería y ya no fue, en nuestro caso, del bebé que ya no llegó a casa, o tal vez sí llegó pero no se quedó.

Conforme pasan los años los imaginamos poniendo el árbol navideño, escribiendo la carta a los Reyes Magos o abriendo sus juguetes del 6 de enero.

Una nostalgia que nos remonta al dolor y ese dolor se acrecenta cuando tenemos que compartir la cena o reuniones con familiares o amigos. Son esos momentos en donde, tal vez, brotan lágrimas; o nos guardamos esos sentimientos por temor al rechazo o por no querer “entristecer” esos instantes que tendrían que ser de alegría.

Para quien está en duelo, lo mejor es expresar al máximo los sentimientos, dejarlos fluir, así que si te pasa lo anteriormente descrito, puedes comentar con tus familiares y amigos antes de la reunión o cena que sólo te escuchen y te acompañen, no hace falta que te digan algo, el apoyo emocional es vital entre nuestros seres queridos.

La nostalgia tampoco es tan negativa. Nos ayuda a sacar lo mejor de nosotros mismos, a ser más compasivos, a sentir el dolor pero también el amor y los momentos más felices de cuando se esperaba a ese bebé.

Date permiso de sentir al máximo todas esas emociones, eso ayuda a sanar. Plantear a nuestros familiares qué cosas son las que nos causarán más dolor y acordar con ellos con antelación lo que debe hacerse o no. Incluso, tienes derecho a no estar con ellos si así lo quieres, o si tienes pareja, decidir entre los dos qué harán y con quién estarán estos días para hacer más llevadero el momento.

Ten presente siempre a tu hijo o hija, es una manera de honrarlo. Algunas personas ponen una esfera con su nombre, o simplemente encienden una vela en la mesa para recordar su presencia.

El servicio es otra manera de recordarlos. Dona algo o participa en alguna actividad altruista. Esto ayuda a colocar ese amor que nos quedó en alguien que lo necesite y eso llena mucho el corazón.

Las ausencias se hacen más presentes en diciembre. Es natural que nos venga la añoranza y las lágrimas. No te limites. Murió tu hijo o hija y este duelo no se pasa de un momento a otro. Es un proceso muy individual que requiere de tiempo, así que lo importante es que dejes fluir lo que sientes, sin presiones, sin imponer tiempos ni momentos en los que tienes que aparentar estar bien.

Sobre todo, recuerda a tu bebé con amor y hazlo presente en estas fechas especiales. Si sientes que lo necesitas, acude con un profesional de la salud mental o con una persona tanatóloga. Lo importante eres tú y tu bienestar para transitar por el duelo con calidad de vida.

Que la luz les ilumine estas fechas, siempre con el recuerdo de sus bebés.

Escrito: Mónica Díaz
Para: Portal Salud
Acerca del Autor: Mónica es Periodista, Tanatologa Clinica, Co-fundadora de ECA, la orgullosa mamá de Betito.

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El regreso al trabajo después de la muerte de un bebé

¿Qué hacer el día después?

Karla fue festejada por sus compañeras de trabajo con un baby shower. Tenía ocho meses de embarazo y ya casi se iba de licencia médica.

Así que prepararon una serie de platillos y le llevaron un pastel y regalos para el esperado bebé. Tenía ya nombre, un cuarto y mucha ropa que ella había comprado y la que le habían regalado.

A la semana Karla faltó al trabajo, lo que se les hizo raro a sus compañeros pues a pesar de tener una gran panza nunca faltó a sus labores, así que se preocuparon, pero sus mensajes de whatsapp no eran contestados.

Fue hasta el día siguiente que la directora del área notificó la desafortunada noticia: “El bebé de Karla murió. Ayer le hicieron una cesárea de emergencia y la niña nació sin vida”.

El mensaje causó impacto en algunos; en otros, indiferencia: “era muy chiquito y Karla es joven, puede tener más hijos…”.

Karla se desconectó de la realidad. Pasaron muchos días para recuperarse. No quería hablar con nadie. Vivió sus primeros días de duelo en medio de la soledad. Sólo acompañada de su madre, ya que no tenía contacto con el padre de su hija.

Fueron días agotadores para ella, tanto físicos como emocionales, en los que se hacía miles de preguntas, noches interminables sin dormir, sin poder degustar la comida, días de tristeza y melancolía.

Llegó el día en el que tenía que presentarse en el trabajo. Quería desaparecer. Estaba en la encrucijada si regresaba o no, pues no quería ver a nadie, no quería enfrentarse a las duras preguntas de cómo estaba o qué había pasado. No quería que la vieran llorar ni derrumbarse. Moría de nervios, no sabía qué hacer…

Animada por su mamá se levantó temprano, con trabajo se arregló y salió a la oficina. Al llegar, sintió las miradas de todos, algunos la rehusaban; otros, la saludaban como si nada hubiera pasado.

Para Karla fue una experiencia que nunca podrá olvidar. Ese primer día en la oficina fue un infierno para ella. No quería ni levantarse al baño para no encontrarse con alguien. Sin embargo, lo tuvo que hacer varias veces para vaciar sus lágrimas y regresar a su lugar como si nada hubiera pasado. Eran sentimientos encontrados, pena y angustia…

¿Cómo podemos afrontar el regreso al trabajo?

En el proceso de duelo uno de los factores que tienen mucha influencia es la respuesta social ante una muerte gestacional o neonatal. Y ésta se da de una manera muy importante en la esfera laboral. Existe una falta de contención y sensibilización en los lugares de trabajo, y estas faltas de respuestas asertivas afectan a las madres o padres en duelo.

Por lo anterior, es importante que las instituciones y empresas cuente con programas y protocolos para facilitar el regreso al trabajo del personal que haya atravesado por esta experiencia.

Pueden ofrecer, por ejemplo, trabajar desde casa, asignar a una persona que sea la vía de comunicación principal con el doliente, entregar una tarjeta con las condolencias de todos, ofrecer información sobre asociaciones de ayuda, informar a todo el personal de lo sucedido, facilitar la salida a consultas o terapias, así como ofrecer un espacio donde la persona pueda estar a solas cuando le sea necesario.

Para una madre y un padre en duelo es complicado enfrentarse a situaciones o preguntas incómodas. Es por ello que es importante que antes de regresar al trabajo busquemos ayuda de tipo emocional, ya sea una terapia o acudir a un grupo de apoyo para que vayamos trabajando con nuestras emociones.

No pensar en el qué dirán los demás, lo importante somos nosotros, que no nos importe la opinión externa. Teniendo en cuenta esto estaremos del otro lado. No es malo llorar ni es signo de debilidad. Llora con quienes te sientas en confianza, incluso puedes hacerlo en un lugar a solas y regresar a tu lugar cuando te sientas mejor.

A la pregunta de “¿cómo está tu bebe?”, cuando la gente no sabe qué ha pasado, si te sientes preparada explica sencillamente que tu hijo murió y que en otro momento pueden platicar. Las personas entenderán y tal vez te den el pésame o simplemente no sabrán qué decir y comentarte frases que puedan incomodarte, aléjate si te sientes dolida (ellos comprenderán).

No desesperes. Con el tiempo te irás acostumbrando a realizar las actividades rutinarias sin sentir las miradas, sin sentirte señalada o con lástima. Lo importante es tu bienestar, así que si estás en este proceso previamente prepara las respuestas que puedes dar ante las diferentes preguntas o comentarios que te hagan.

Finalmente, ten en cuenta que el duelo perinatal es poco visibilizado y minimizado, así que no te sientas mal con los comentarios que te puedan hacer.

Siéntete acompañada a la distancia, ya que hay muchas mujeres que han vivido la misma experiencia, quienes han encontrado la paz y han recuperado la estabilidad emocional.

Que esta experiencia nos haga mejores personas.

Escrito: Mónica Díaz
Para: Portal Salud
Acerca del Autor: Mónica es Periodista, Tanatologa Clinica, Co-fundadora de ECA, la orgullosa mamá de Betito.

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En Octubre se recuerda a los bebés fallecidos

En gestación, en el parto o después de que nacieron

Como una forma de recordar y homenajear a los bebés que fallecieron en la etapa de gestación, en el parto o después de que nacieron, se celebra en casi todos los países del mundo el Día Internacional de la Concientización y Conmemoración de las Pérdidas Gestacionales y de la Infancia Temprana.

En 1988, el entonces presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, proclamó octubre como mes de la concientización sobre el embarazo y la pérdida infantil, que inició por una petición de un grupo de padres en duelo hacia el gobierno federal y gobernadores de los 50 estados de ese país para la primera observación del Día del Recuerdo del Embarazo y la Pérdida Infantil.

Esta conmemoración no está oficialmente legislada u observada en muchos países, incluyendo México. Sin embargo, a pesar de ello, familias y organizaciones de todo el mundo se reúnen el 15 de octubre de cada año para promover y concientizar sobre esta problemática, ya que estadísticas mencionan que 1 de cada cuatro mujeres no llegan a término de un embarazo.

En ese marco se realiza la Ola de Luz a las 7 de la noche, donde millones de familias de todo el mundo se unen en honor de los bebés que no llegaron a casa y de los que sí llegaron pero no se quedaron, a través del encendido de velas.

En México, la organización MISS Eca-Red de Apoyo ante la Muerte Gestacional y de la Niñez Temprana realiza diversos eventos en diferentes puntos de toda la República Mexicana para recordar a esos bebés y concientizar sobre este tipo de duelo, minimizado y desconocido.

En la Ciudad de México se celebró el pasado 12 de octubre un encendido de luces en el Parque Nápoles, con actividades como sesión fotográfica inspirada en el Proyecto de Stillbirth, donde madres y padres se toman una foto con algún objeto significativo de sus bebés, al no tener otro tipo de recuerdos de ellos.

Asimismo, la destacada tanatóloga Verónica Alcocer dio una charla sobre duelo perinatal dirigida a madres, padres y familias en duelo, quienes al final de la jornada encendieron una vela y dieron un mensaje de amor hacia sus hijas e hijos muertos.

Por otra parte, el jueves 17 de octubre se realizará un Foro sobre muerte gestacional y perinatal en el Instituto Nacional de Perinatología a partir de las 8:30 horas, con la participación del reconocido psicoterapeuta Mario Guerra. Las conferencias magistrales de las doctoras del INPer Alejandra Coronado y Sandra Acevedo.

Se realizará un bloque titulado Historias de vida, “Resiliencia después de la muerte de un bebé”, con testimonios de mamás que han logrado sobresalir en diversas áreas inspiradas en sus hijas o hijos que partieron. Este espacio será moderado por la psicóloga y tanatóloga Gina Tarditi.

También se tendrá la presencia del doctor Christian Mera para hablarnos de un proyecto integral de obstetricia donde se ha incluido un mejor abordaje para las mujeres que han atravesado por una muerte gestacional o perinatal. Y para cerrar el ciclo habrá una videoconferencia desde Navarra, España, con la coautora del libro “La cuna vacía”, Mónica Álvarez.

Así que este mes habrá espacios para honrar y recordar a aquellos bebés que murieron en la etapa del embarazo, en el parto o después de que nacieron, con eventos a nivel mundial que darán un gran impulso a este tema que es poco reconocido. Así que si has pasado por esta experiencia no dudes en formar parte de estos eventos donde el gran objetivo es unirnos en honor de esos bebés que partieron pronto y de concientizar sobre el tema para un mejor abordaje.

Escrito: Mónica Díaz
Para: Portal Salud
Acerca del Autor: Mónica es Periodista, Tanatologa Clinica, Co-fundadora de ECA, la orgullosa mamá de Betito.

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