El siguiente texto se escribió para el evento «Luz para México» que se realizó en el monumento a la Revolución como homenaje a las personas que fallecierón después de los sismos del 7 y el 19 de Septiembre de 2017, buscabamos dar un mensaje de esperanza a todas aquellas familias que estaban viviendo un duelo por lo ocurrido en la fecha. Para tí que estas iniciando tu duelo esperamos que estás palabras te den algo de consuelo y esperanza…

Me llamo Angélica Jiménez y colaboro con ECA-Red de Apoyo ante la Muerte Gestacional y de la Niñez Temprana, un colectivo que acompaña a mujeres, hombres y familias, quienes han perdido un hijo o hija durante el embarazo, en el parto o después de que nacieron. Este día, 15 de octubre, se celebra en muchos países el Día de la Conmemoración y Concientización de las Muertes Gestacionales y de la Niñez Temprana, fecha en la que queremos honrar a esos bebés que se fueron demasiado pronto. Pero también, para honrar a las niñas y niños que lamentablemente perdieron la vida en ese 19 de septiembre. Herida que será muy difícil de sanar.
Estas palabras que a continuación voy a emitir están dedicadas especialmente a las madres y padres de esos niños. A las abuelas y abuelos, tías y tíos, y en general, a las familias que sufrieron la muerte de un ser querido en estos sucesos. Hablar de la muerte siempre suele ser complicado. Reconocer nuestro propio dolor, aceptarlo y abrazar el duelo por la muerte de un hijo o hija, en lugar de huir de él, saber que la muerte puede ser nuestra maestra y enseñarnos los humanos que podemos ser, no es una tarea fácil.
En la sociedad existen diversos rituales. El encendido de velas que vamos a realizar hoy es un ritual, pero los rituales personales son los que nos hacen recorrer nuestro viaje a través del duelo, aceptar que las almas de nuestras hijas e hijos dejaron su cuerpo y hay algo surrealista en esto. Estos rituales nos permiten despedirnos y aprender a vivir con esto que nos tocó vivir y que duele, lo que nos permite transformar el dolor en amor. Hoy, algunas de nuestras compañeras del colectivo traen rehiletes o molinos de viento como se conocen en otros países.
Esos Molinos de viento no son más que rehiletes enormes que usan la energía del viento para transformarla en energía eléctrica, porque la energía no se crea ni se destruye, solamente se transforma, y nosotros los seres humanos estamos hechos de energía. Los Chinos llamaban a esta energía vital Chi, los Hindús Prana, los Japoneses Ki, los mayas la llamaban Puah. Para los mayas la muerte representa sólo la transición a otro estado donde esta energía se iba moviendo.
Lo que queremos ritualizar hoy con estos rehiletes es que la energía de esas niñas y niños ahora está transformada en otra cosa, pero sigue presente a través del amor que no necesita de la parte física.
Hoy todos vivimos un duelo colectivo, nos cuesta trabajo respirar, sentimos lo que nuestros hermanos sienten, hoy se hace presente el dolor del otro.
La madre tierra, aquella que nos ha visto crecer en este país, nos da una lección que sacude el corazón de cada mexicana de cada mexicano, nos hace sabernos frágiles ante ella, y quienes hoy estamos aquí, quienes nos hemos quedado de este lado, sin nuestra hija o hijo, sin nuestra compañera o compañero de vida, sin nuestros padres o abuelos, todos ellos, los nuestros, se fueron demasiado pronto.
Hoy a todos nos duele alguien, México está en duelo, y se vale y es necesario estarlo, validar que tenemos miedos, que es inevitable llorar a nuestro muerto, quienes hemos pasado por la muerte de un ser amado, tenemos miles de preguntas sin respuestas, hoy tal vez tengamos un caos interno.
Tenemos que aprender a amar más allá de lo evidente, recordar que siguen siendo nuestros hijos, nuestros padres, nuestros abuelos y amigos. Pues hay algo que no se lleva la muerte y ese el amor.
¿Por qué decimos que la murte de un hijo es un raro privilegio?
La respuesta es simple, nos enseña a ser más humanos, nos enseña a ver todo lo que debe de funcionar bien para que ustedes y nosotros estemos aquí vivos, ¡respirando!, porque nos demuestra que nadie se va un minuto antes o después, simplemente se va cuando llega su momento, porque nos hace ver nuestra fragilidad, pero también nuestra fortaleza, porque quita la venda de la indiferencia de nosotros, nos hace apreciar el día a día con todos sus bemoles, porque encontramos la belleza en la flor, en una mariposa, en la sonrisa de un niño.
Porque estás dispuesto a ayudar al otro, aunque no lo conozcas, porque has aprendido a decir te amo más veces al día, aprendiendo a vivir en el presente.
Así que la próxima vez que se pregunten ¿Por qué me paso esto a mí? Les sugiero que vean la belleza que puede existir dentro de este hecho y se pregunten ¿Para qué me pasó esto a mí y qué voy a hacer con todo este amor que le tenía a ese ser querido que se fue?
Gracias por estar aquí.
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Escrito por: Angélica Jiménez
Acerca de: Angélica es Maestra en Psicoterapia Transpersonal (Ced:11988920 ), Diplomada en Tanatologia, ICO, Viajera, Colaboradora de ECA y mamá de Luis Gabriel
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ANGELES 
Mar mamá de Isabella
Isabella
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La entrevista se grabó en nuestra casa y debo decir que el título fue de mucha confrontación porque yo creí que “tocar fondo” solo les pasaba a los adictos o suicidas. Y pues no, me di cuenta que hay muchas circunstancias en la vida que te llevan a “tocar fondo” y definitivamente todo lo que hemos pasado nos ha llevado a lo más hondo de lo hondo.
A ti, que llevas escuchando ya mucho tiempo una vocecita que aparece y desaparece, cuando se te estruja el corazón. A ti, que sientes cómo un hilo de ansiedad empieza a recorrer tu columna vertebral cuando te das cuenta que el día se acerca: el aniversario de aquel momento en el que ese pedacito de vida que estaba en tu vientre dejó de estarlo, o el clásico Día de las Madres, que te mueve más de lo que te gustaría admitir en voz alta.
Estos tres años sin Nikté han sido de una enseñanza brutal. Me han enseñado a sobrevivir incluso a pesar de mí misma, a sobreponerme al dolor que llegó a parecer interminable, a apreciar más a quienes me aman y a quienes desean acompañarme en este camino llamado vida sin importar lo horrible que haya sido en algunos momentos de estos últimos tres años.
Cuando la tormenta se ha retirado lo suficiente para ver con un poco de claridad el cielo, cuando el huracán ha menguado y sus vientos por fin parecen ser apenas una brisa, podemos respirar. Ya respiro mejor, lo aseguro. Pero eso no quiere decir que no haya días en que no me vuelva a sentir como un granito de arena arrastrada por potentes olas. Que no haya días en los que la asfixia parece ser el mejor de los escenarios, en medio de tanto dolor.
A un año, mi pequeñita
Les comparto estas líneas de parte de mi vida con mucho amor. Forma parte del trabajo de tesis que realicé para ser Tanatóloga (Acompañamiento Tanatológico en Muerte Gestacional); es un recopilado del primer capítulo y espero que sea útil para más mujeres.
Les escribo esta carta a ambos porque les quiero compartir parte de mis sentimientos y emociones, sé que no podría hacerlo de frente pues antes de poder expresar todo lo que estoy viviendo ya estaría llorando y no acabaría de hacerlo. Lo primero que quiero que sepan es el sentimiento con el que me levanto todos los días desde que mi hijo no está, sé que piensan que esa personita que apenas pude tener en mis brazos y que llegó de sorpresa a mi vida sin pedirle permiso a nadie, no me debería estar generando tanto dolor y vacío, porque así es como me siento a veces: vacía. He pensado mucho cómo les explico lo que siento, si ustedes tienen la fortuna de tenernos a su lado, pues bueno finalmente encontré la respuesta, recuerdan aquella tarde en que mi hermana tuvo ese ataque de asma y se desmayó en el sillón, ese día mi mamá se aferró al cuello de su hija y lloraba como desesperada gritando: ¡No mi hija no!, ¡No mi hija no!….. No recuerdo si alguna vez mencionó la palabra muerte, pero me queda claro que en ese momento mi mamá pensó que su hija se moría o bien que ya estaba muerta, esa sensación que ella experimentó por quizás menos de un minuto… ese dolor, es con el que yo me levanto todos los días, no piensen que nunca lo voy a superar en este poco tiempo he comprendido que el dolor no se olvida pero se trasciende y uno sigue su vida, desde mi punto de vista, como un mejor ser humano, como un ser más compasivo, como una persona nueva y diferente, no esperen que sea la misma siempre hay un antes y un después, no sé qué va a pasar en el futuro y quizás ya no me interesa, por ahora solo pienso en vivir el presente, ciertamente tengo una necesidad de buscarme como ser humano y de encontrar una paz que estoy segura solo está dentro de mí misma, respecto a los grupos de acompañamiento, organizaciones y foros donde he incursionado no espero que los entiendan, si algún día quieren acompañarme a una reunión serán bienvenidos, para mí es importante el decirles que asistir a este lugar y participar en estos foros no es para quedarse estancado en el dolor, no es que al enterarte quieras o no de otras historias y te hundas más, al contrario, uno aprende más lecciones de vida, es un lugar donde si quieres llorar… lo haces, si quieres hablar lo haces y si te quieres quedar callado también lo haces, ahí nadie te juzga pero sobre todo te sientes comprendido por personas que como yo, han experimentado la experiencia de la muerte de un hijo, desde que mi hijo se fue al segundo día pasaba mucho tiempo en Internet esto fue porque me encontré una fundación que inició en Argentina con presencia en México que es un grupo de acompañamiento solamente para padres que viven la experiencia de la muerte de sus bebés durante el embarazo y después del embarazo (ósea casi todos son bebés) , gracias a todos los mensajes que recibí de aquellas mujeres que me escribían sin siquiera conocerme sobreviví el primer mes, así de simple, porque cada que me siento mal puedo escribirlo y porque siempre había una respuesta a esos sentimientos, este es tan solo un ejemplo de los muchos mensajes después de escribir lo que había sido no tener a mi hijo: