Autor: ECA Editor

Pérdida del embarazo o aborto espontáneo – Mi Historia

Técnicamente la pérdida de un embarazo o, también conocido como aborto espontáneo, es cuando el crecimiento de un embrión es interrumpido de forma natural, generalmente antes de las 20 semanas de gestación.

Probablemente han escuchado palabra ‘‘aborto’’ o ‘‘pérdida del embarazo’’ antes, ya sea por un conocido, un amigo cercano, o se acaban de enterar que están embarazadas y quieren saber más acerca de todo lo relacionado con el embarazo durante las primeras semanas.

Yo por lo menos la primera vez que escuché la palabra pérdida o aborto fue hace un par de años, y lo primero que pensé fue “Ah, no creo que sea nada terrible”. Pero sí, lo puede ser y bastante, principalmente porque de verdad no sabemos lo que significa, cómo afecta al cuerpo física y emocionalmente, y porque nunca pensamos que nos puede pasar a nosotros.

Le tomé el verdadero peso a la palabra cuando fuimos a nuestra primera eco con 8 semanas de embarazo. Sí, estuvimos embarazados, y les quiero contar nuestra historia.

Fue un día sábado después de almuerzo, estábamos ansiosos porque sabíamos que veríamos a ese pequeño pirigüín, o mounstruito como le decíamos, y escucharíamos sus latidos. Estábamos en una consulta lleno de embarazadas y padres ya con un pequeño en sus brazos, dándoles algo para comer o jugando con ellos mientras esperaban su hora con el doctor.
Con Andrés nos mirábamos con cara de ‘‘esto nos espera’’, y con una sonrisa de oreja a oreja.

‘‘Miss Cerda” escuchamos y los dos nos paramos al segundo, tratando de esconder los nervios de primerizos y seguimos a la doctora que nos haría nuestra eco.
Una vez dentro de la sala y luego de seguir un par de indicaciones, nos hace una ecografía abdominal (sobre el estómago), donde la verdad no se veía nada, así que decidió hacer una eco transvaginal (por favor que no les dé pudor la palabra transvaginal, la van a escuchar más seguido de lo que creen) y ahí se pudo ver un pequeño ‘’saco’’, donde la verdad yo veía más bien un bulto.

Con Andrés nos sentimos extremadamente felices y emocionados. La doctora tomó un par de medidas en el monitor, pidió permiso y salió de la sala diciendo que volvía en unos minutos. No fueron sólo ‘’unos minutos’’, fue mucho rato y se hizo eterno. Al principio pensamos que iría a buscar esa pequeña fotografía con el pirigüín de un par de semanas.
La emoción fue tanta que no nos hizo ver la realidad. Cuando volvió, nos dijo que había revisado la ecografía con su jefa y ella quería hablar con nosotros.

¡Chan! Con Andrés nos miramos con cara de ‘‘¿Será parte del protocolo’’, ‘‘¿Salió algo mal?’’,‘‘¿Qué chucha?‘’ (perdón por los garabatos, pero lo amerita).
Millones de dudas que ni siquiera fuimos capaces de procesar pasaron por nuestra mente en cosa de segundos, lo único que sé es que Andrés no confiaba mucho en la Doctora, puede ser por el prejuicio que era joven, o que no pudo ver con la eco abdominal o que no se manejaba bien con la máquina…según creíamos nosotros.
Con todas estas emociones y pensamientos fuimos a hablar con su jefa. Nos sentamos en su oficina, repleta de pantallas con diferentes ecografías y entre ellas, la nuestra.

Para ser honesta, no recuerdo todo lo que dijo con lujo ni detalle. Pero sí recuerdo muy bien cuando dijo: ‘‘El saco es muy pequeño para tener 8 semanas. Tenemos dos opciones, una que el cálculo de semanas de gestación no es correcto y en realidad tienes 6 semanas, o…que algo no está bien…’’. Cuando dijo la segunda opción nuestros corazones se paralizaron, mi mente sentía como se llenaban de nubes que me impedía seguir escuchando el resto de lo que la doctora decía. Debíamos esperar dos semanas más y volver.

Una vez que salimos de la consulta y caminábamos hacia el auto yo estaba en shock, no sabía qué pensar, qué hacer ¡ni siquiera pude llorar! Sino hasta que Andrés se paró enfrente mío y dijo ‘‘Todo va a estar bien’’ y recién pude botar toda la angustia que sentía.
Ese momento no fue fácil para ninguno de los dos, pero el que debía dar seguridad y apoyo era Andrés, y lo hizo extremadamente bien.

Con cierta dificultad y aún en estado de shock nos subimos al auto. Teníamos un asado familiar en casa de unos amigos, dónde lo único que se habló fue de bebés, familia e hijos y que incluso uno de los invitados llevó a su bebé de sólo un par de meses…ahí estábamos nosotros, haciendo como si nada pasara y tratando de sobrellevar lo que nos acaban de decir hace una hora atrás, algo que claramente nos fue rompiendo el corazón durante la tarde e imposible no sentir que la vida nos estaba refregando en la cara esa impotencia que no era nuestro minuto para ser padres.

Para más remate, al día siguiente se celebraba el Día de la Madre, nosotros ya pensábamos emocionados que iba a ser nuestra primera celebración y que íbamos a hacer algo en secreto, ya que debíamos esperar a los 3 meses antes de decirle a nuestras familias, pero todo eso quedó en stand by.

Dos semanas de espera, interminables, donde uno se cuestiona todo.

Una vez que llegamos a casa con esta bomba que nos acaba de caer encima nos sentimos destrozados. Ni siquiera hablábamos mucho, lo único que hacíamos era contenernos mutuamente. Ese mismo domingo, decidimos que si había una remota opción que ese pirigüín estuviera vivo, y que efectivamente, había un error en el cálculo de semanas, no le íbamos a traspasar ningún tipo de angustia o pena, sino que íbamos a pensar lo más positivo posible.

Y así lo hicimos, pensando positivo, con miedo, pero siempre positivo.
Pasaron las dos semanas, las más eternas que he vivido. Era hora de nuestra ecografía. Esta vez no estábamos ansiosos, teníamos susto…estábamos frágiles. La doctora nos hizo pasar y comenzamos la segunda eco, la definitiva, con la cual íbamos a saber la verdad.
Lo que vimos en la pantalla fue lo mismo que habíamos visto la primera vez, un bulto. No había crecido. Esta vez la doctora no salió de la sala y en tono amable, nos dice que el bebé no tenía latidos. Tiene el tamaño de un embrión de 7 semanas, pero sin latidos.
Yo en ese momento ya lloraba, y no me importaba disimularlo. Ella, muy paciente, me ofreció agua, pañuelitos y después de dar su pésame nos dejó a solas con Andrés para que lo procesaramos con tiempo y que cuando estemos listos, podíamos salir por una puerta trasera sin exponernos a los niños y embarazadas que estaban en la recepción.

Sentimos que nos habían apuñalado.

Andrés manejó de vuelta a casa conteniéndome lo mejor posible durante el camino. No sabíamos qué decir, nos habíamos quedado sin palabras. Cada uno ese día se fue a su propio mundo interior. Toda la ilusión y felicidad, con una frase se hizo añicos.

Ahora, llegaba la segunda etapa: expulsar al pirigüín. Para esto nos derivaron al centro EPAC (Early Pregnancy Assessment Clinic) o Centro de apoyo en la pérdida de embarazo, del Hospital de Mujeres BC Woman’s. Una enfermera, que se parecía a mi mamá pero más canosa y con un acento muy british, me explicó los pasos a seguir. Si estaba lista o no para ese proceso, no lo sé…ya estaba entregada, estaba en modo piloto automático, aún estaba procesando muchas cosas.

Ese mismo día me vió una doctora y me hizo otra ecografía, donde se da cuenta que no es sólo un embrión que dejó de crecer a las 7 semanas, sino que era un embarazo molar. ¿Qué $%# significa eso? No tenía la más mínima idea.

Doy gracias al universo, que mis padres son médicos y siempre escuché sus términos raros y específicos, y pude entender lo que la doctora me explicó (todo esto en inglés, claro).
En resumen, un embarazo molar, es cuando un espermio fecunda el óvulo (como pasa normalmente cuando uno queda embarazada), pero llegó un segundo espermio y fecundó la placenta. Sí, la placenta.
Para ser exactos, 1 de cada 1.500 mujeres embarazadas, tiene un embarazo molar y ahora debíamos ver si era parcial o completo, que hay una diferencia enorme entre ellos.

Cuando terminamos la eco con la doctora, volví a la oficina con mi ‘‘enfermera madre’’, y lo primero que me dice es que con este tipo de embarazo no podemos darnos el lujo de esperar que el cuerpo expulse al embrión, porque el cuerpo nunca va a identificar que debía expulsarlo, ya que genéticamente el embrión está y creciendo…sólo que el que crecía era el espermio que estaba en la placenta y no el verdadero pirigüín. Por lo tanto, debemos hacerlo a través de una operación, y debe ser pronto.

Cuatro días después, cuando tenía 11 semanas y 5 días de gestación a las 8.30 am entraba a pabellón. En el hospital la verdad es que todos un 10 de profesionalismo y preocupación. Era la primera vez que vivía algo así, nunca había entrado a pabellón, era algo totalmente nuevo para mi, pero me sentí muy segura con el staff médico. Me explicaron todo, antes y después de la operación, cómo había salido y qué debía esperar de ella.

Ahora lo único que debíamos esperar eran los resultados genéticos y ver si era una mola completa o parcial. Para que se hagan una idea, mola completa significa una incompatibilidad genética con el padre, en este caso: Andrés. Por lo tanto, si así era, debíamos decir adiós al proyecto familia. Lo bueno (algo de bueno en esto), es que fue una mola parcial, o sea: mala suerte.

Esta mala suerte, derivó en pasar por una segunda operación (ya les contaré porqué). Meses donde debía ir semanalmente a sacarme sangre y revisar que la hormona del embarazo bajara. Donde cada semana me llamaba la enfermera del Hospital para chequear cómo estaba, cómo me sentía y si necesitaba apoyo emocional (ya que ellos me lo podían brindar).

Una vez que la hormona del embarazo bajó a 0, a mi cuerpo le tomó otros dos meses en regularse, en volver a tener mis períodos, que hasta el día de hoy no han vuelto a ser como eran antes, duelen un poco más y son irregulares.

Esa mala suerte, hizo que como pareja con Andrés nos hiciéramos más fuertes. Estábamos más unidos que nunca. Aún estamos en búsqueda de otro pirigüín, y si bien no ha sido fácil, doy gracias por lo vivido, ya que sin esa experiencia con Andrés no seríamos lo que somos hoy. Nos costó, pero pusimos primero el amor y cariño que hay entre nosotros y con eso, nos fuimos levantando poco a poco.

En una situación así, tener contención y apoyo de tu pareja y familia es primordial. Para mi Andrés fue y sigue siendo un pilar fundamental. Por un lado porque nuestras familias estaban lejos, (pero se sintieron cerca) y por otro porque es una situación dolorosa, donde no sólo le afecta a las mujeres, sino que a todo su entorno, y no imagino haber vivido esto sin su apoyo.

A pesar de todo lo sucedido, agradezco haber tenido todo el apoyo que recibí. Sé que otras mujeres no tienen la misma suerte y a ellas las invito a que abran su corazones y dejen salir la angustia de llevar esta carga solas.

Tú que estás leyendo esto, puede que también hayas vivido una pérdida de tu embarazo o conoces a alguien que le ha pasado, y si bien todas las personas son diferentes, nos une la experiencia y el dolor que significa haber pasado por algo así. Si te animas, deja tu comentario (puede ser anónimo) y comparte tu experiencia. Hablar sana el alma y este espacio se ha creado para aliviarnos, contenernos y apoyarnos.

Uy! Veo que me extendí bastante. Perdón por el post tan largo, prometo que los otros serán más cortitos, ya que este era la introducción 🙂

Escrito por: Camila Cerda
Para: Blog Pelo al viento
Acerca del Autor: Camila es Chilena, creador del Blog Pelo al viento un espacio que busca conectarse con el embarazo, sus riesgos, pérdida y primeros meses de gestación.

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Sin apoyo, duelo por muerte gestacional y perinatal

Vivir, después de la muerte de un hijo

Con un llamado a tejer redes entre profesionales de la salud, psicoterapeutas y organizaciones par un mejor abordaje cuando muere un bebé, se llevó a cabo el Foro Muerte Gestacional y Perinatal en el Instituto Nacional de Perinatología que reunió a especialistas médicos, psicoterapeutas y testimonios.

En Conferencia Magistral, la Subdirectora de Neonatología del Instituto Nacional de Perinatología (INPer), Doctora Alejandra Coronado, resaltó la importancia de abordar este tema ya que las políticas públicas necesitan establecer intervenciones preventivas y estrategias, además de que el
acceso al cuidado perinatal debe de ser igualitario.

Precisó que falta mucho por trabajar para disminuir este tipo de muertes y que muchos de esto casos se pueden prevenir casi sin inversión económica, por lo que hizo un llamado a trabajar en este aspecto con intervenciones menos invasivas.

En tanto, la doctora Sandra Acevedo, Jefa del Departamento de Medicina Materno Fetal del INPer, indicó que en 2017 se registraron en México 22,336 muertes fetales, de acuerdo con el INEGI y, en ese sentido, afirmó que la incidencia de muerte fetal puede ser un indicador de la calidad del sistema
de salud de los países.

En su ponencia sobre duelo perinatal, el psicoterapeuta Mario Guerra destacó que padres que experimentaron la muerte de un hijo tuvieron mayor riesgo de trastornos mentales durante el primer año y hasta cinco después del hecho.

Al señalar que la muerte gestacional y de la infancia temprana es un tema poco visibilizado, reveló que la mortalidad materna se incrementó en 133% dentro de los dos primeros años tras la muerte de un hijo.

En el bloque titulado Resiliencia después de la muerte de un bebé, mujeres que han atravesado por esta experiencia lanzaron un mensaje a los profesionales de la salud para que dentro de los hospitales se brinde un abordaje más especializado y empático a través de protocolos hospitalario que den la oportunidad de despedirse de sus bebés muertos, crear recuerdos de ellos, decidir sobre la forma de parir, poner nombre y apellido a los certificados de muerte fetal, tratar con dignidad los cuerpos de sus bebés fallecidos, regular las licencias de maternidad y paternidad pero, sobre todo, una atención con respeto y sensibilidad.

En este sentido, la tanatóloga Gina Tarditi coincidió en que es fundamental que los hospitales cuenten con protocolos para muertes gestacionales y neonatales que consideren intervención en crisis. Y resaltó la importancia de los grupos de apoyo de madres y padres en duelo, aunado al trabajo psicoterapéutico, para que logren encontrar una estabilidad en sus vidas.

En su exposición, el doctor Christian Bayron Mera afirmó que la violencia obstétrica es un tema que no se puede ocultar, donde personal de salud tendría que formarse desde la visión humana y abrirse a nuevas maneras de atención hacia las mujeres gestantes.

Al presentar el Proyecto MAIO, un modelo de atención integral para el parto respetado, instó a implementar manuales de procedimientos en el sistema hospitalario mexicano, que consideren un abordaje especializado ante muertes gestacionales y perinatales. Reconoció la labor en el Instituto
Nacional de Perinatología como única institución de salud que ya trabaja con este tipo de programas.

Finalmente, la especialista Mónica Álvarez, en videoconferencia desde Navarra, España, reconoció el trabajo de profesionales de la salud que se enfrentan a estas muertes pues recae en ellos la primera línea para contener a las madres que llegan al hospital por complicaciones en el embarazo y éste termina en la muerte del bebé.

Escrito: Mónica Díaz
Para: Portal Salud
Acerca del Autor: Mónica es Periodista, Tanatologa Clinica, Co-fundadora de ECA, la orgullosa mamá de Betito.

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Navidad sin ti… diciembre, cuando llega la nostalgia

Que la luz y el recuerdo ilumine estas fechas

Cuando llega la Navidad y el Año Nuevo suelen removerse sentimientos para alguien que ha atravesado por la muerte de un ser querido.

En el caso de las mamás y papás en duelo por la muerte de un bebé tiende a ser una época envuelta en estados de mucha melancolía, pues tal vez se esperaba la presencia de ese hijo o hija en las fechas decembrinas.

Luces, escarchas, árboles navideños y todo lo que envuelve estas festividades suele ser doloroso para quien está en duelo, y más, para quienes están apenas iniciando ese camino.

La nostalgia es un sentimiento que nos traslada al pasado pero, también, a la añoranza de lo que sería y ya no fue, en nuestro caso, del bebé que ya no llegó a casa, o tal vez sí llegó pero no se quedó.

Conforme pasan los años los imaginamos poniendo el árbol navideño, escribiendo la carta a los Reyes Magos o abriendo sus juguetes del 6 de enero.

Una nostalgia que nos remonta al dolor y ese dolor se acrecenta cuando tenemos que compartir la cena o reuniones con familiares o amigos. Son esos momentos en donde, tal vez, brotan lágrimas; o nos guardamos esos sentimientos por temor al rechazo o por no querer “entristecer” esos instantes que tendrían que ser de alegría.

Para quien está en duelo, lo mejor es expresar al máximo los sentimientos, dejarlos fluir, así que si te pasa lo anteriormente descrito, puedes comentar con tus familiares y amigos antes de la reunión o cena que sólo te escuchen y te acompañen, no hace falta que te digan algo, el apoyo emocional es vital entre nuestros seres queridos.

La nostalgia tampoco es tan negativa. Nos ayuda a sacar lo mejor de nosotros mismos, a ser más compasivos, a sentir el dolor pero también el amor y los momentos más felices de cuando se esperaba a ese bebé.

Date permiso de sentir al máximo todas esas emociones, eso ayuda a sanar. Plantear a nuestros familiares qué cosas son las que nos causarán más dolor y acordar con ellos con antelación lo que debe hacerse o no. Incluso, tienes derecho a no estar con ellos si así lo quieres, o si tienes pareja, decidir entre los dos qué harán y con quién estarán estos días para hacer más llevadero el momento.

Ten presente siempre a tu hijo o hija, es una manera de honrarlo. Algunas personas ponen una esfera con su nombre, o simplemente encienden una vela en la mesa para recordar su presencia.

El servicio es otra manera de recordarlos. Dona algo o participa en alguna actividad altruista. Esto ayuda a colocar ese amor que nos quedó en alguien que lo necesite y eso llena mucho el corazón.

Las ausencias se hacen más presentes en diciembre. Es natural que nos venga la añoranza y las lágrimas. No te limites. Murió tu hijo o hija y este duelo no se pasa de un momento a otro. Es un proceso muy individual que requiere de tiempo, así que lo importante es que dejes fluir lo que sientes, sin presiones, sin imponer tiempos ni momentos en los que tienes que aparentar estar bien.

Sobre todo, recuerda a tu bebé con amor y hazlo presente en estas fechas especiales. Si sientes que lo necesitas, acude con un profesional de la salud mental o con una persona tanatóloga. Lo importante eres tú y tu bienestar para transitar por el duelo con calidad de vida.

Que la luz les ilumine estas fechas, siempre con el recuerdo de sus bebés.

Escrito: Mónica Díaz
Para: Portal Salud
Acerca del Autor: Mónica es Periodista, Tanatologa Clinica, Co-fundadora de ECA, la orgullosa mamá de Betito.

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El regreso al trabajo después de la muerte de un bebé

¿Qué hacer el día después?

Karla fue festejada por sus compañeras de trabajo con un baby shower. Tenía ocho meses de embarazo y ya casi se iba de licencia médica.

Así que prepararon una serie de platillos y le llevaron un pastel y regalos para el esperado bebé. Tenía ya nombre, un cuarto y mucha ropa que ella había comprado y la que le habían regalado.

A la semana Karla faltó al trabajo, lo que se les hizo raro a sus compañeros pues a pesar de tener una gran panza nunca faltó a sus labores, así que se preocuparon, pero sus mensajes de whatsapp no eran contestados.

Fue hasta el día siguiente que la directora del área notificó la desafortunada noticia: “El bebé de Karla murió. Ayer le hicieron una cesárea de emergencia y la niña nació sin vida”.

El mensaje causó impacto en algunos; en otros, indiferencia: “era muy chiquito y Karla es joven, puede tener más hijos…”.

Karla se desconectó de la realidad. Pasaron muchos días para recuperarse. No quería hablar con nadie. Vivió sus primeros días de duelo en medio de la soledad. Sólo acompañada de su madre, ya que no tenía contacto con el padre de su hija.

Fueron días agotadores para ella, tanto físicos como emocionales, en los que se hacía miles de preguntas, noches interminables sin dormir, sin poder degustar la comida, días de tristeza y melancolía.

Llegó el día en el que tenía que presentarse en el trabajo. Quería desaparecer. Estaba en la encrucijada si regresaba o no, pues no quería ver a nadie, no quería enfrentarse a las duras preguntas de cómo estaba o qué había pasado. No quería que la vieran llorar ni derrumbarse. Moría de nervios, no sabía qué hacer…

Animada por su mamá se levantó temprano, con trabajo se arregló y salió a la oficina. Al llegar, sintió las miradas de todos, algunos la rehusaban; otros, la saludaban como si nada hubiera pasado.

Para Karla fue una experiencia que nunca podrá olvidar. Ese primer día en la oficina fue un infierno para ella. No quería ni levantarse al baño para no encontrarse con alguien. Sin embargo, lo tuvo que hacer varias veces para vaciar sus lágrimas y regresar a su lugar como si nada hubiera pasado. Eran sentimientos encontrados, pena y angustia…

¿Cómo podemos afrontar el regreso al trabajo?

En el proceso de duelo uno de los factores que tienen mucha influencia es la respuesta social ante una muerte gestacional o neonatal. Y ésta se da de una manera muy importante en la esfera laboral. Existe una falta de contención y sensibilización en los lugares de trabajo, y estas faltas de respuestas asertivas afectan a las madres o padres en duelo.

Por lo anterior, es importante que las instituciones y empresas cuente con programas y protocolos para facilitar el regreso al trabajo del personal que haya atravesado por esta experiencia.

Pueden ofrecer, por ejemplo, trabajar desde casa, asignar a una persona que sea la vía de comunicación principal con el doliente, entregar una tarjeta con las condolencias de todos, ofrecer información sobre asociaciones de ayuda, informar a todo el personal de lo sucedido, facilitar la salida a consultas o terapias, así como ofrecer un espacio donde la persona pueda estar a solas cuando le sea necesario.

Para una madre y un padre en duelo es complicado enfrentarse a situaciones o preguntas incómodas. Es por ello que es importante que antes de regresar al trabajo busquemos ayuda de tipo emocional, ya sea una terapia o acudir a un grupo de apoyo para que vayamos trabajando con nuestras emociones.

No pensar en el qué dirán los demás, lo importante somos nosotros, que no nos importe la opinión externa. Teniendo en cuenta esto estaremos del otro lado. No es malo llorar ni es signo de debilidad. Llora con quienes te sientas en confianza, incluso puedes hacerlo en un lugar a solas y regresar a tu lugar cuando te sientas mejor.

A la pregunta de “¿cómo está tu bebe?”, cuando la gente no sabe qué ha pasado, si te sientes preparada explica sencillamente que tu hijo murió y que en otro momento pueden platicar. Las personas entenderán y tal vez te den el pésame o simplemente no sabrán qué decir y comentarte frases que puedan incomodarte, aléjate si te sientes dolida (ellos comprenderán).

No desesperes. Con el tiempo te irás acostumbrando a realizar las actividades rutinarias sin sentir las miradas, sin sentirte señalada o con lástima. Lo importante es tu bienestar, así que si estás en este proceso previamente prepara las respuestas que puedes dar ante las diferentes preguntas o comentarios que te hagan.

Finalmente, ten en cuenta que el duelo perinatal es poco visibilizado y minimizado, así que no te sientas mal con los comentarios que te puedan hacer.

Siéntete acompañada a la distancia, ya que hay muchas mujeres que han vivido la misma experiencia, quienes han encontrado la paz y han recuperado la estabilidad emocional.

Que esta experiencia nos haga mejores personas.

Escrito: Mónica Díaz
Para: Portal Salud
Acerca del Autor: Mónica es Periodista, Tanatologa Clinica, Co-fundadora de ECA, la orgullosa mamá de Betito.

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En Octubre se recuerda a los bebés fallecidos

En gestación, en el parto o después de que nacieron

Como una forma de recordar y homenajear a los bebés que fallecieron en la etapa de gestación, en el parto o después de que nacieron, se celebra en casi todos los países del mundo el Día Internacional de la Concientización y Conmemoración de las Pérdidas Gestacionales y de la Infancia Temprana.

En 1988, el entonces presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, proclamó octubre como mes de la concientización sobre el embarazo y la pérdida infantil, que inició por una petición de un grupo de padres en duelo hacia el gobierno federal y gobernadores de los 50 estados de ese país para la primera observación del Día del Recuerdo del Embarazo y la Pérdida Infantil.

Esta conmemoración no está oficialmente legislada u observada en muchos países, incluyendo México. Sin embargo, a pesar de ello, familias y organizaciones de todo el mundo se reúnen el 15 de octubre de cada año para promover y concientizar sobre esta problemática, ya que estadísticas mencionan que 1 de cada cuatro mujeres no llegan a término de un embarazo.

En ese marco se realiza la Ola de Luz a las 7 de la noche, donde millones de familias de todo el mundo se unen en honor de los bebés que no llegaron a casa y de los que sí llegaron pero no se quedaron, a través del encendido de velas.

En México, la organización MISS Eca-Red de Apoyo ante la Muerte Gestacional y de la Niñez Temprana realiza diversos eventos en diferentes puntos de toda la República Mexicana para recordar a esos bebés y concientizar sobre este tipo de duelo, minimizado y desconocido.

En la Ciudad de México se celebró el pasado 12 de octubre un encendido de luces en el Parque Nápoles, con actividades como sesión fotográfica inspirada en el Proyecto de Stillbirth, donde madres y padres se toman una foto con algún objeto significativo de sus bebés, al no tener otro tipo de recuerdos de ellos.

Asimismo, la destacada tanatóloga Verónica Alcocer dio una charla sobre duelo perinatal dirigida a madres, padres y familias en duelo, quienes al final de la jornada encendieron una vela y dieron un mensaje de amor hacia sus hijas e hijos muertos.

Por otra parte, el jueves 17 de octubre se realizará un Foro sobre muerte gestacional y perinatal en el Instituto Nacional de Perinatología a partir de las 8:30 horas, con la participación del reconocido psicoterapeuta Mario Guerra. Las conferencias magistrales de las doctoras del INPer Alejandra Coronado y Sandra Acevedo.

Se realizará un bloque titulado Historias de vida, “Resiliencia después de la muerte de un bebé”, con testimonios de mamás que han logrado sobresalir en diversas áreas inspiradas en sus hijas o hijos que partieron. Este espacio será moderado por la psicóloga y tanatóloga Gina Tarditi.

También se tendrá la presencia del doctor Christian Mera para hablarnos de un proyecto integral de obstetricia donde se ha incluido un mejor abordaje para las mujeres que han atravesado por una muerte gestacional o perinatal. Y para cerrar el ciclo habrá una videoconferencia desde Navarra, España, con la coautora del libro “La cuna vacía”, Mónica Álvarez.

Así que este mes habrá espacios para honrar y recordar a aquellos bebés que murieron en la etapa del embarazo, en el parto o después de que nacieron, con eventos a nivel mundial que darán un gran impulso a este tema que es poco reconocido. Así que si has pasado por esta experiencia no dudes en formar parte de estos eventos donde el gran objetivo es unirnos en honor de esos bebés que partieron pronto y de concientizar sobre el tema para un mejor abordaje.

Escrito: Mónica Díaz
Para: Portal Salud
Acerca del Autor: Mónica es Periodista, Tanatologa Clinica, Co-fundadora de ECA, la orgullosa mamá de Betito.

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Los aniversarios: recuerdos y nostalgia, que a veces duelen

Duelo perinatal… testimonio

Ya son siete años de aquel 2012 cuando en mi vientre anidaba a un bebé por más deseado y amado.

Cuando mi embarazo había llegado casi a los ocho meses aún no había definido qué nombre le iba a poner a mi hijo. Su papá y yo no habíamos logrado ponernos de acuerdo en este tema, así que aguardamos.

El 22 de noviembre de 2012 llegué del trabajo y me senté a comer como siempre, pero esta vez lo hice con la mente llena de dudas y miedos. Desde la mañana no había sentido esas pataditas y esas piruetas que percibía en mi enorme panza.

Entonces antes de sentarme a comer había acordado con el médico hacerme un ultrasonido para estar segura de que todo estaba bien.

Terminando me senté en el sillón, esperando que mi esposo sacara el carro para irnos. Una sensación extraña que nunca había sentido atravesó todo mi cuerpo… ahí supe que no estaban bien las cosas.

El consultorio estaba en penumbras, sólo los aparatos emitían luz. Recostada, el médico empezó a rastrear. Su cara lo decía todo, no encontraba signos… sus palabras aún retumban en mis oídos: “no hay nada qué hacer… no encuentro latido”. Ahí mi cerebro se desconectó.

Aún recuerdo el proceso hospitalario, el llegar a casa con una soledad por demás triste y abrumadora. Días interminables de insomnio, de querer tomar la iniciativa para no seguir viviendo, días de muchas lágrimas.

Poco a poco el corazón va sanando. Las lágrimas van escaseando. Años de adentrarme en el tema de la muerte y el duelo, de idas al grupo de apoyo, lecturas, conferencias, talleres, terapias.

Ahora sé que la vida puede darle un giro a tu historia. Que los planes pueden venirse abajo en tan solo un segundo.

Y sí, mi vida se reestructuró. Cada 22 de noviembre entra la nostalgia, el recordatorio de que un pedazo de mi ser falta. Un hueco que no se ha llenado.

Los aniversarios pesan. Llegan como flecha al corazón. Vienen ráfagas de historias que no pudieron ser. De imaginarse el desarrollo y crecimiento de ese hijo que no se quedó en este plano. ¿Cómo sería Betito? (finalmente así le nombré) ¿En qué año escolar iría ya? ¿qué personaje de aventuras le gustaría?

Sin embargo, ahora puedo sonreír y esperar cada 22 de noviembre para honrar a Betito sintiéndome más reconfortada. Ese día llega para recordarme su paso como una enseñanza de vida.

Después de la muerte de un hijo la visión de la vida cambia. Te sostienes del recuerdo y de darle un resignificado a su ausencia. Ya con el corazón sano, podemos enfrentar situaciones difíciles con más fuerza. Aprendemos a no dejarnos caer por cualquier cosa.

Ahora puedo abrazar a otras mujeres que, como yo, han pasado por la muerte de sus hijos, y eso da mucho sentido a mi existencia.

Betito vino a dejarme mucho amor, enseñanzas y sabiduría. Este 22 de noviembre de 2019 es más especial que otros años. Me toca exhumar su cuerpo, así que esta reconexión de amor se hará presente para acompañarme de otra forma.

Aunque no lo abrace físicamente, lo abrazo desde el amor. Es mi esencia, mi espíritu y motor, y estoy convencida de que nos reencontraremos en otro lugar.

Que los aniversarios sirvan para honrar la memoria de quienes partieron pronto con la reflexión de cuánto hemos caminado sin ellos y cuánto hemos avanzado hacia el punto de que ya no duela tanto como al principio.

Gracias Betito por tomar mi mano, tú, desde las estrellas. Yo desde mi lugar

Escrito: Mónica Díaz
Para: Portal Salud
Acerca del Autor: Mónica es Periodista, Tanatologa Clinica, Co-fundadora de ECA, la orgullosa mamá de Betito.

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Bebés prematuros, una luz de esperanza… nuestro duelo

Historias tristes que se convierten en esperanza

Mi historia (Elizabeth Mora) *

Maryam fue una bebé muy deseada. Su padre y yo buscamos un embarazo por medio de fecundación in vitro. Después de cinco años de búsqueda, creíamos que nunca podríamos ser padres, hasta que vimos esta opción. Recibí mi positivo al primer intento. Mi hija fue muy buena conmigo pues no tuve ningún achaque, todo marchaba bien hasta las 28.4 semanas de gestación (sdg).

Un estudio marcó una alteración en la arteria cerebral media y debía nacer antes de que llegara a tener restricción de crecimiento. Yo empecé a preocuparme y mi presión se elevó, me diagnosticaron preeclampsia severa y mi bebe nació exactamente a las 29 sdg un miércoles 6 de junio a las 16:13 horas, pesando 1030 gr.

La escuché llorar y, claramente, oía como si dijera “mamá” en su llanto. Me la mostraron y tenía el cordón enredado en el ombligo; fue el único día que pude escuchar a mi hija, a quien pude darle un beso.

Después la internaron en UCIN (Unidad de Cuidados Intensivos) y su papá se dividía en dos para visitarnos a ella y a mí. Yo la pude visitar hasta el cuarto día cuando salí del hospital con las manos vacías, viendo cómo todas las demás llevaban a sus bebés en ese mismo momento.

Todos los días estuvimos allí su papá y yo. Recibió dos transfusiones, pero la última se complicó… Nos llamaron el 17 de junio a las 12:00 de la noche. Mi bebé estaba mal y falleció a las 12:20 horas.

Cuando llegamos mi niña ya había regresado al cielo. Hoy agradezco el haberla conocido. Ahora ella vive en mí; como antes en mi vientre, ahora vive en mi corazón y de allí no se irá hasta el día en que nos volvamos a encontrar.

Estando en UCIN veíamos cómo había familias que no tenían dinero para comer o para comprar los pañalitos y las toallitas que nos pedían diario. Algunos eran foráneos y ahí se quedaban o se iban a albergues. Otros no tenían ni para su transporte.

Las mamás de UCIN sacan fuerza para recuperarse de una cesárea a los tres días, por sus hijos. En esos momentos traemos la cabeza hecha pelota por el mundo de hormonas que produce el cuerpo y aun así estamos al pie del cañón por nuestros hijos y la restricción de no llorar delante de ellos. Todavía me pregunto de dónde sale esa fuerza que nunca pensé que yo también tendría.

De ahí nació el deseo de ayudar a alguien más con lo poco o mucho que esté en mis manos, lo que me ayuda a hacer más liviana la carga .

Mi historia (Tere Espinosa y Eira Raquel Flores) * *

Tere y yo (Eira) somos pareja. Decidimos tener familia, algo que siempre soñamos, e hicimos un primer intento para tener bebé, tratamiento que no se logró.

Al año lo volvimos a intentar y tuvimos la sorpresa más bella: seríamos mamis de unos bellos cuatrillizos, tres princesas y un bello príncipe.

Todo marchó bien durante el embarazo, pero el 14 de agosto no sentí que se movieran por dos horas y nos fuimos a urgencias. Llegando se empezaron a mover y me quise quedar para poder verlos en el eco.

Me dijeron que ya traía dilatación, así que no podía irme porque tenía cerclaje. El 15 de agosto de 2018 a las 7:45 de la noche nació Eira, la mayor, con un peso de 880 gramos; a las 7:47 pm Amaya, con un peso de 825 gramos; a las 7:48 pm Leo, con un peso de 1065 gramos, y a las 7:50 pm Mariel, con un peso de 705 gramos.

Nacieron por una infección del cerclaje a las 26.4 sdg con sepsia neonatal y sus pulmones no estaban preparados. A los tres días, el 18 de agosto, Amaya se puso sus alitas. El día 20 de agosto a los cinco días, mi príncipe Leo se convirtió en ángel. Y el 25 de agosto, a los 10 días, mi princesa Eira se fue con sus hermanos. Fue algo muy difícil que en menos de 10 días se me fueron mis bebés.

Mi niña, la más pequeña, luchó por 114 días. Tiempo que nos llenó un poco el hueco que sus hermanos dejaron y es nuestra más grande joya que tenemos. Los amamos a los cuatro por igual y siempre los recordaremos y amaremos de igual manera a todos.

Apoyo a madres y padres de bebés prematuros

En Monterrey realizamos una colecta de pañales RN o Prematuro y toallitas húmedas para apoyar a los papás de bebés prematuros internados en UCIN de la UMAE No.23 Hospital de Ginecología y Obstetricia del IMSS.

Lanzamos la convocatoria en Facebook con familiares y amigos. Tuvimos dos entregas, una se realizó el 17 de noviembre en la explanada del hospital y a la hora de visita entregamos la ayuda en las filas de acceso a las familias que acudían a visitar a sus bebés.

Posteriormente fuimos invitadas al evento anual que realiza el Hospital, en marco del Día Mundial del Prematuro. Ese día se nos dio acceso a los pisos de UCIN y ahí se les entregó a las mamás y papás un paquete con pañales prematuro y toallitas, además de brindarles unas palabras de aliento para no dejar de creer, de seguir adelante y nunca perder la fe, porque en algunos casos existen los milagros, como el de Mariel.

Estas acciones las realizamos en nombre de los bebés prematuros que salieron adelante como Mariel, hija de Eira y Tere, y a los prematuritos que se nos adelantaron en el camino: Maryam, Eira, Leo y Amaya, y en honor de todos aquellos bebés que vinieron un tiempo a estar con nosotros y a darnos una gran lección de vida por su lucha y su luz de esperanza.

Acerca de las autoras:
Elizabeth Mora es Coordinadora de MISS Eca en Monterrey, Nuevo León *
Tere Espinosa y Eira Raquel Flores forman parte de MISS Eca-Red de Apoyo ante la Muerte Gestacional y de la Niñez Temprana. Radican en Monterrey *

 

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¿Cómo ayudar a quien ha vivido, muerte de un bebé?

¿Cómo acompañar a una familia en duelo?

La muerte de un hijo o hija en etapa de gestación, en el parto o después de que nació es una experiencia muy compleja para quienes lo viven, tanto para la madre como para el padre. Pero también para el círculo familiar y social.

Y decimos esto porque la mayoría no sabe cómo acompañar a una familia en duelo. Mucho menos cuando se trata de un duelo que es poco visibilizado y, además, muy incomprendido, como lo es el duelo perinatal.

En general, se tiene la creencia de que los padres se repondrán pronto pues el hijo o hija que esperaban no nació vivo o nació y murió, y se cree que no se formó un vínculo suficiente que haya alimentado el amor y la convivencia, como en otros casos cuando los hijos son de mayor edad. Sin embargo, está demostrado que cuando se trata de un embarazo deseado, el vínculo se forma, incluso, desde que se planea. Cuando está ya en el vientre materno; cuando hay planes y expectativas de vida con ese nuevo ser.

Entendido esto podemos dar la atención y el acompañamiento para quienes atraviesan por una experiencia de este tipo. Normalmente no contamos con las suficientes herramientas para abordar la muerte, mucho menos para acompañar y saber qué decir. Es por ello que es importante tomar en cuenta lo siguiente: Podemos acercarnos a los padres en duelo con un simple abrazo. Si no sabemos qué decir, estrecharnos en un profundo abrazo, esto dará un gran confort más que las palabras. Antes, preguntar si podemos hacerlo, ya que hay personas que rechazan el contacto físico.

Un “estoy contigo” podría darles ese cobijo que necesitan y, sobre todo, dejarlos llorar, nunca decirles “ya no llores”, es lo menos que quieren escuchar. Las lágrimas curan el alma y son indispensables para sanar.

Informa a las personas cercanas que sabían del embarazo sobre lo sucedido para evitar conversaciones o preguntas incómodas. Hay que ofrecerles ayuda práctica en la medida de nuestras posibilidades, con trámites, ir al super, tal vez limpiar la casa o cuidar a los otros hijos. En tiempos de duelo el cuerpo desfallece y es muy complicado retomar la vida rutinaria.

Podemos estar con ellos cuando lo requieran, pero también tomar distancia cuando necesiten su espacio. Cuando está muy reciente la muerte de un bebé, es importante compartir con sus familiares más cercanos que la madre y el padre deben decidir qué hacer con las cosas que ya se tenían preparadas en casa (la cuna, la ropita, el cuarto, etc.). Y, si deseamos, ofrecernos a guardar las cosas hasta que ellos estén preparados para tenerlas, si es que así lo desean.

Es importante tomar en cuenta que en muchos casos estas madres no pueden estar cerca de mujeres embarazadas o con bebés pequeños pues les resulta difícil, ya que es un recordatorio muy doloroso. Ten paciencia.

Hay que tener presente el aniversario de la fecha en que debía nacer el bebé, la fecha de su nacimiento o de su muerte, o durante días festivos como el Día de la Madre, del Padre, Navidad, Año Nuevo, Día del Niño, Día de Reyes, Día de Muertos. En estos casos quizá necesiten espacio o apoyo. Si te mencionan la fecha escucha con atención y empatía. En este punto es fundamental mencionar el nombre de su hijo o hija muerta.

Podemos brindarles información sobre fuentes de ayuda, como grupos de ayuda mutua, asociaciones, tanatólogos, terapeutas, conferencias sobre temas de duelo. Ofrécete para hacer la cita o acompañarles, siempre y cuando ellos estén dispuestos a tener este tipo de apoyo, sin presionarlos. Una llamada frecuente al principio y después de manera regular puede hacerlos sentir acompañados. Preguntarles ¿cómo van?, o ¿necesitan algo?, sería lo más ideal más que preguntar ¿cómo están?

Es primordial que la familia en duelo no transite por este proceso en soledad y que sepa que puede contar con nuestra compañía. Siempre escucharlos (sin emitir opinión) y ofrecerles todo el apoyo que puedas brindarles. Principalmente, hay que mostrarnos con mucha empatía, ser compasivos y entender que están atravesando por un proceso muy doloroso del cual van a salir poco a poco. Llegará el momento en que tu familiar, amiga o amigo, levanten la cabeza para ver de nuevo la luz del sol.

APUNTE

La compasión proviene del latín cumpassio que significa “sufrir juntos”. Básicamente es un valor del ser humano que es capaz de comprender la situación del otro conectándose desde el corazón en un sentimiento de solidaridad para responder a sus necesidades.

Escrito: Mónica Díaz
Para: Portal Salud
Acerca del Autor: Mónica es Periodista, Tanatologa Clinica, Co-fundadora de ECA, la orgullosa mamá de Betito.

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Madres de brazos vacíos… la maternidad invisible

Vivir el duelo en silencio

El Día de las Madres se vive de una manera intensa en casi todas las familias mexicanas. Es una de las jornadas más festivas que distinguen a nuestro país. Sin embargo, para muchas mujeres es un día complicado.

Para aquellas mujeres que atravesaron por la muerte de un hijo o hija en etapa de gestación, durante el parto o después de nacer, no hay mucho qué celebrar. Si no tienen otros hijos/as, estas mujeres no son consideradas como mamás.

Muchas de ellas viven una maternidad en silencio, una maternidad invisible, porque se consideran madres desde el día que se enteraron que estaban embarazadas. Tenían ya planes y un futuro con sus hijos o hijas.

Entonces cabe la pregunta: ¿La maternidad puede ser reversible?

Algunas de estas mujeres han optado por vivir en silencio este sentimiento de asumirse madres aunque sus hijos/as no estén físicamente. A otras podría no importarles la falta de reconocimiento como tales pero, para la mayoría, el hecho de no ser tomadas en cuenta como mamás (por ejemplo en el 10 de mayo), viene a repercutir en su proceso de duelo, sobre todo cuando tiene poco tiempo la muerte de sus bebés.

Esto se hace más evidente cuando las mujeres no son tomadas en cuenta para las prestaciones o festejos del Día de las Madres en sus lugares de trabajo. Algo que este año podrá evadirse por el resguardo ante la emergencia sanitaria.

Esta falta de reconocimiento se da también dentro de las familias. Normalmente todos dan por hecho que aquella mujer que atravesó por la muerte de un hijo o hija en el embarazo, en el parto o al poco tiempo de que nació, “dejó” de ser madre. Son ignoradas para las felicitaciones, invitaciones, regalos y demás detalles en el 10 de mayo.

Lo anterior puede llegar a ser muy doloroso para muchas mujeres, a excepción de aquellas que prefieren que no aborden el tema ante el sufrimiento que aún les provoca el recordar a sus hijos/as muertos, y este día viene a traer a la memoria su maternidad.

¿Qué podemos hacer?
A una mamá en duelo hay que brindarle reconocimiento tomándola en cuenta en las “felicitaciones”. Y esto lo podemos hacer regalándole un detalle como a las demás mamás, dándole un abrazo, decirle un “eres mamá de… (el nombre del hijo o hija si ya lo tenían). Pregúntale si las puedes acompañar ese día (este año a la distancia por medio de una videollamada o llamada). Escúchala y hazle sentir que reconoces su maternidad aunque su bebé no esté físicamente.

Si eres una mamá en duelo, planea desde antes qué quieres hacer ese día. Este año, como lo mencioné anteriormente, será algo diferente por la pandemia que estamos viviendo. No te esfuerces por “celebrar” si no lo deseas. Puedes homenajear ese día a tu hijo o hija con una vela, por ejemplo, o de otra manera. También puedes escribir una carta exponiendo los sentimientos que guardas en el contexto del Día de las Madres, o bien, dedícale una carta a tu bebé. Principalmente, haz lo que te haga sentir bien, recuerda que lo primordial es transitar ese día lo más tranquilamente posible sin que haya tanto dolor.

Es imprescindible concientizar acerca de que hay quienes maternan en la vida, pero también desde la muerte, y es importante enfatizar que el título de madre no se acaba con la muerte.

Este Día de las Madres reconozcamos a aquellas mujeres que se quedaron con los brazos vacíos; a las madres que aunque tienen otros hijos/as, sufren la ausencia de ese bebé que no se quedó; a las madres que aún tienen las secuelas del maltrato y la indiferencia en los hospitales. Mi admiración total a las mamás que continúan su andar a pesar del dolor, que no dejan de amar ni de respirar.

Escrito por Mónica Díaz A.
Para: Portal Salud
Acerca de: Mónica es Periodista, Tanatologa Clinica, Co-fundadora de ECA, la orgullosa mamá de Betito.

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Las cajas que ayudan en el duelo Perinatal

Recuerdos en la ‘memory box’

Tan sólo en la Ciudad de México se registraron 94 mil 616 muertes fetales de 1988 a 2017, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

En este contexto, en México existe un nulo acompañamiento cuando muere un bebé durante el embarazo, en el parto o después de que el bebe nació. Desafortunadamente no existen protocolos hospitalarios que acompañen a los padres y las familias. Literalmente, salen del hospital con los brazos vacíos.

Aunado al dolor por tal suceso se suma la falta de empatía e incluso de humanidad hacia estas familias que están pasando por la muerte de uno de sus hijos/as. En la que parecía ser la mejor etapa de su vida, los profesionales de la salud (médicos, enfermeras, trabajadoras sociales, tanatólogos, psicólogos) no están muchas veces preparados para estos casos, y las mujeres y los hombres en estas circunstancias se van del hospital con profundo dolor y sin ningún recurso emocional ni físico que acompañe su duelo.

En países de primer mundo están instituidos protocolos hospitalarios para el acompañamiento de estos padres. Se tiene una gran responsabilidad con la salud mental de cada mujer y cada hombre; se sabe y se conoce de las implicaciones de este duelo tan peculiar, por lo que desde el conocimiento de la muerte de un bebé, el personal que acompañará a esa madre, padre y familia se pone a su entero servicio. Desde el médico hasta el personal de limpieza saben lo que ocurre en esa habitación.

El personal que acompaña de manera emocional a estas familias entrega una caja llamada memory box (caja de los recuerdos). Esta caja contiene por lo regular ropa para vestir al bebé, un osito, una vela, un portarretrato, un certificado donde colocar su nombre, huellas de manos y pies, fotografías y, lo más importante, información escrita con recursos como: páginas de Internet sobre duelo perinatal, grupos de autoayuda, libros e información sobre aspectos emocionales de lo que irán viviendo en los consiguientes días.

Esta caja por sí sola no ayuda, lo más importante de entregarla a estos padres es el acompañamiento emocional proporcionado antes, que contribuye a que ellos acomoden un poco cada sensación y emoción experimentada. Al llegar a casa ellos sabrán que tienen un recurso material en sus manos al que podrán acudir cuando más lo necesiten.

En México mi labor como Doula me ha permitido entregar algunas cajas de memoria, con el acompañamiento emocional debido, y me he dado cuenta la diferencia entre unos padres que son acompañados desde el momento en que su hija o hijo murió hasta su sepelio.

El que tengan información precisa y clara ayuda a que tomen las mejores decisiones para con su hija, hijo o hijos (autopsia, sepelio, despedida, ropa, fotos, huellas).

El contar con una caja proporciona soporte y contención, una especie de guarida emocional a la que puedes recurrir cuando el proceso de duelo incremente su intensidad y aún no puedes acudir con algún acompañante emocional especialista en el tema.

Al final del proceso de duelo, o en medio de éste, la caja servirá para guardar algunas cosas que por decisiones personales quieras poner ahí, como alguna prenda de tu bebé, tu prueba de embarazo, ultrasonido, quizá sacar otras como la foto o la huella.

Una caja de recuerdos o memory box es el único recurso tangible para las madres y padres que no tuvieron oportunidad de quedarse con otro tipo de recuerdo de su hijo o hija que esperaban. Una forma de iniciar el duelo de manera positiva, lo que debería considerarse para su aplicación, junto con lor protocolos hospitalarios, para estos casos.

Escrito por: Diana Guzman
Para:Portal Salud
Acerca del Autor: Diana es Doula, Tanatóloga Clinica, Tallerista y Co-fundadora de ECa, LAE, pero sobre todo es la mamá de Paula.

 

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